Más dudas que certezas

Andrés Cantor
jueves 12 de noviembre 2020

Se podrá discutir el criterio que utilizó el VAR para anular el gol de Messi -que pudo ser el del triunfo- y que fue la mejor jugada del partido que hizo Argentina. Opinable al fin. Pero decir que fue una enorme injusticia para el mejor equipo sería faltar a la verdad.

Argentina no jugó el primer tiempo, apenas si levantó un poco tras el ingreso de Lo Celso por Palacios. Fue un cambio por la lesión del jugador golpeado, no por acierto del técnico a quien el ingresado le dio una bocanada de aire fresco y fútbol al equipo. Paraguay jugó mejor que Argentina la primera parte. Y jugó bien, abriendo la cancha, teniendo la pelota con criterio, con un enorme Almirón y una gran disposición y aplicación táctica de todos. Acaso el golazo de cabeza de Nicolás González, que en su club juega de centro delantero y por la lesión de Tagliafico jugó de lateral izquierdo, fue mucho castigo para el ordenado conjunto guaraní.

En el segundo tiempo, Argentina adelantó sus líneas, recuperó la pelota y la claridad de Lo Celso en sociedad sobre todo con González por izquierda le dieron mayor protagonismo a un equipo que, partido tras partido, no transmite una idea clara de juego. Sigue dejando la sensación que Argentina es la voluntad de once buenos jugadores, que en la Bombonera parecieron mal distribuídos. Tras la bronca del gol anulado, Argentina empujó a Parguay sobre el arco de Silva pero sin claridad, sin volúmen de juego, con un apresuramiento que trajo más confusión que claridad a un equipo que no juega como tal.

Messi no gravitó tanto, en la selección ya no define partidos por sí solo -no por ahora-. Que está mejor rodeado que en otros ciclos es innegable, pero en el primer tiempo jugó a 50 metros del arco, y eso es un desperdicio.

La gran sorpresa en Argentina fue Nicolás Gonzalez. Nunca se sintió incómodo en una posición que no es la suya, jugó con gran determinación, se mandó muy bien al ataque como carrilero y pegó un salto formidable en su gol de cabeza. Pero antes de colgarle la medalla al técnico Scaloni por el hallazgo, habrá que darle la derecha por arriesgar poniendo a un nueve jugando de tres, pero la coyuntura de la la lesión de Tagliafico evitó que viera el partido desde el banco. El, Lo Celso y los chispazos siempre peligrosos de Di María el rato que entró fue lo más rescatable de una selección que no deja la sensación de evolucionar partido a partido. Por la pandemia, al DT no le quedará más que ir mejorando su equipo en estos partidos bravísimos de la eliminatoria y en la Copa América. Encontrar un estilo de juego en ese escenario seguirá siendo el desafío más grande.

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