El fútbol, la pandemia y el cinismo

Daniel Chapela
martes 24 de marzo 2020

Existe una frase, atribuible al escritor Eduardo Galeano, muy utilizada por estos días: “el fútbol es lo más importante de las cosas sin importancia”. La pandemia que azota al planeta y lo mantiene en vilo, ha despertado un sinfín de reacciones a propósito de la paralización forzosa de la pelota. La crisis provocada por la expansión del coronavirus bajó el telón del deporte y, en general, de todas las actividades que impliquen la concurrencia de multitudes.

La cita de Galeano queda muy bien para adornar las tertulias. Incluso, desde una superioridad intelectual, se hace uso de ella para argumentar la banalidad de poner el espectáculo de masas de mayor importancia en la industria universal del entretenimiento, por encima de la salud de los individuos. Nadie podría objetarlo. Sí, en cambio, habría que cuestionar aquella mirada que desdeña lo que el fútbol significa como elemento social, desde su condición de factor de representatividad de los pueblos hasta su valor como generador de grandes capitales y puestos de trabajo en todo el orbe.

Las pérdidas que prevén las cinco grandes ligas europeas, de acuerdo con un estudio de reciente publicación, se cifran en más de 4 billones de dólares. Un dinero que proviene fundamentalmente de la explotación de los derechos de televisión, pero que incluye rubros como el merchandising, las recaudaciones por taquilla o el uso comercial de los espacios públicos.

Esas cantidades mareantes no van a parar nada más al bolsillo de los futbolistas. Cierto es que mucho se destina al pago de nóminas, pero la industria abarca también al eslabón más débil de la cadena: empleados, pequeños comerciantes, vendedores, funcionarios de seguridad y profesionales de distintas áreas. De forma paralela, medios y comunicadores entran en el círculo de pérdidas y beneficios de este monstruo global y padecen también esta crisis como cualquier otro sector de la economía. ¿Lo más importante de las cosas sin importancia?

Hay mucho de cinismo en el discurso de las autoridades vinculadas al fútbol. Cinismo para no anteponer la tragedia humana a sus intereses o para proclamar, como hizo recientemente Gianni Infantino, presidente de la FIFA, en una entrevista con La Gazzetta dello Sport, que hay que parar la pelota y “quizás podamos reformar el fútbol mundial dando un paso atrás”. Justo el dirigente que más ha impulsado la ampliación de competiciones, la reformulación del Mundial de Clubes y la Copa del Mundo con 48 selecciones, una línea de conducta que también sostuvo como directivo de la UEFA en su momento.

Vendrán tiempos de recesión, eso será inevitable. También de refundación de las estructuras actuales. Nada podrá volver a ser igual. Este espacio de inflexión, de replanteamiento individual y colectivo de la condición humana, debería servir de igual modo para que el fútbol haga ese viaje de introspección al que nos obliga el confinamiento. Regresar a los orígenes. Que pueda volver a ser un juego. Que llegue de una forma más auténtica a la gente. Y que lo sigamos disfrutando.

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