Variaciones tecnológicas

Edgardo Broner
Lunes 6 de noviembre 2017

El entretiempo del superclásico argentino evidenció las tensiones acumuladas desde la semifinal de la Libertadores. La expulsión de Ignacio Fernández por un planchazo en el pecho de Edwin Cardona alteró a los jugadores de River Plate, que rodearon de protestas al juez Néstor Pitana. Enzo Pérez encaró a los árbitros y vociferó: “Nos sacaron de la Copa, inventaron el VAR”.

Cinco días antes, Lanús había logrado una hazaña memorable. El club de barrio más grande del mundo arrastraba una derrota por la mínima en su visita a River y recibió temprano 2 goles en su estadio. Era más que una desventaja de 3 a 0, era 3 y medio a 0, porque debían anotar cuatro veces para la casi utópica clasificación. Y lo consiguieron en una actuación sensacional.

La proeza casi no tuvo espacio en los medios y fue minimizada en las conversaciones. Prevalecieron las quejas de los eliminados, centradas en los fallos de Wilmar Roldán con el uso alternativo del VAR. La tecnología incidió para cobrar el penal que generó el cuarto gol, por un agarrón no advertido por el colombiano. Los reclamos se basaron en tres acciones, cuando River ganaba con comodidad y ya pensaba en el Mundial de Clubes.

Hubo una mano clara en el área local. La decisión pasaba por la interpretación de la intencionalidad. Como explicó Javier Castrilli, la cercanía del disparo, a medio metro, le impidió al defensor quitar el brazo, por lo que no correspondía la falta, pedida con énfasis en la transmisión televisiva.

Golpearon en la cara al riverplatense Ariel Rojas, lo que pudo haber significado una expulsión, y una escapada del delantero Scocco fue cortada con una falta, donde Roldán debía interpretar si se trataba de una ocasión manifiesta de gol. Consideró que no lo era.

El 14 de agosto, en la columna “Temible LiVARtadores” se advertía que el entorno sudamericano es mucho más complicado que el de los torneos de la Fifa en los que se han hecho las pruebas. Las decisiones terminan siendo de los jueces, con las presiones conocidas. En Lanús no fueron en perjuicio del local, lo que podría haber creado un clima más difícil. Basta imaginarse el mismo partido en el Monumental.

Enzo Pérez, en el segundo tiempo ante Boca, simuló haber recibido un codazo de Cardona, que apenas lo había tocado. Pitana le creyó y sacó tarjeta roja. Con el VAR se habría rectificado y el simulador iba a quedar expuesto. El mismo que cuestionó el uso de la tecnología sacó ventaja de que no la hubiera.

En otro momento del superclásico, River fue el perjudicado. Un balón que no había salido completamente terminó en la red boquense, si bien el arquero no intentó detenerla tras el silbato. El asistente avisó que correspondía tiro de esquina, cuando la acción debió haber continuado.

La ayuda tecnológica iba a permitir aclarar ambas jugadas. Así como el VAR requiere ajustar sus procedimientos, la familia del fútbol deberá ir adaptándose. En Argentina se protestan hasta los saques de banda, con la tolerancia de los árbitros.

Estos escándalos inflados confirman la urgente necesidad de justicia, para la que el VAR podrá ayudar, mientras los técnicos y jugadores deberán entenderlo con la flexibilidad que muestran para plantear partidos diferentes. Los árbitros tienen una herramienta para decidir mejor, siempre con la necesidad de enfrentarse a las presiones. Y los hinchas, aunque sumen otro motivo para quejarse, encontrarán fallos más justos, sobre todo para la gran mayoría de los equipos, los que no están vinculados al poder.

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