VAR: Plagado de inconformidades

Nicolás Cantor
Sábado 23 de junio 2018

El año es 2018. Los autos se estacionan solos. Hay perros-robot que abren puertas y hasta otros que dan vueltas por el aire. Tu teléfono te reconoce la cara y la voz. Y ahora mismo un auto deportivo con un astronauta maniquí orbita la tierra.

Si hubieses leído esto hace 18 años te parecería ciencia-ficción. Nuestros avances tecnológicos rozan la perfección y en el fútbol es igual. El VAR y la tecnología, uno de los temas centrales de esta Copa del Mundo, ha sido usado de manera exitosa. Penales cobrados, luego anulados. Pelotas que apenas cruzan la línea del arco cobrados con certeza absoluta. Pero, y este es un gran pero, la tecnología se está usando cuando conviene.

Serbia empataba con Suiza en un partido de máxima tensión. Mitrović disputaba un centro entre dos suizos que lo cubrieron como el queso derretido entre los panes de un sándwich de miga. El árbitro Brych cobró falta en contra de Mitrović y era al revés. Con todas las cámaras que se utilizan, es inexplicable que el penal no se haya sancionado. En fin, el partido terminó a favor de Suiza con un gol in extremis que nos dejó un sabor a justicia incumplida.

El protocolo del VAR está totalmente plagado de inconformidades. Los árbitros que se encargan de imponer (o no) la tecnología no dan explicaciones porque el sistema no se lo pide. El que tiene la última palabra es un árbitro sujeto al error. Ahí cuando el humano se sobrepone al infalible hecho de lo ocurrido apoyado de la omnipresente tecnología, la aplicación del VAR muestra sus fisuras. Ya conocemos las cuatro situaciones donde se puede apelar al VAR pero, ¿por qué no se usa cada vez?

Hay varias razones posibles del porqué se viola ese ideal protocolo. Primero, los árbitros que manejan el VAR no solo conviven con sus colegas sino que hay veces son compatriotas. A raíz de esto el juez central, expuesto ante un gravísimo error, puede ser protegido por sus compañeros con no insistir en desnudar al comandante ante millones de personas.

Responsabilicemos al árbitro en el momento de la polémica de revisar la situación. Sugiero un protocolo distinto. En lugar de que sean los árbitros los que toman la decisión de recurrir al VAR, ¿por qué no pueden ser los técnicos quienes tengan la autoridad de pedir la revisión de una jugada? El challenge, como en el tenis y en el fútbol americano, permite que la justicia divina defina los momentos más discutidos de un partido.

Finalmente, démosle la última palabra al que verdaderamente tenga el objetivismo de la tecnología. Pero, ¿cómo uno va a ser objetivo si el juez central es un colega? Por eso, sugiero otra cosa más: como nos ha dicho Javier Castrilli, el VAR debe ser un tribunal de árbitros que no tengan relación ninguna con los árbitros en la cancha. Un tribunal experto que no tema cobrar en contra de los grandes. Que cobra penales evidentes en contra de Barcelona, Real Madrid, Brasil o Argentina. Que esté completamente removido de la subjetividad de las implicaciones de un cobro.

Hasta que esos carros auto-estacionables no manejen solos y esos perros-robot no ladren ni muerdan al cartero, la tecnología no será perfecta. Y hasta que el VAR no se aplique en todas las situaciones que requiera revisión, tampoco disfrutaremos de ese fútbol erradicado del error humano que tanto nos esforzamos en alcanzar.

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