VAR o no VER

Andrés Cantor
Miércoles 2 de octubre 2019

Decir que Boca perdió por culpa de una decisión arbitraria del VAR es buscar una excusa al mal planteo y peor juego de Boca en el Monumental. Pero también hay una realidad: una falta que el árbitro no vio a los dos minutos y que ningún jugador de River reclama como tal, salvo Borré, fue corregida por una cámara lenta que buscó justificar la decisión de alertar al juez. Eso se llama justicia selectiva. Y así el VAR no sirve.

Es más , quedan aún más expuestos todos cuando, volviendo a las viejas mañas del manejo de partido, se omite expulsar al defensor de Boca, Lisandro López, por tocar la pelota con la mano -en el primer tiempo- o pegar con fuerza desmedida al borde de su área en el segundo. Como ya estaba amonestado, y para evitar líos, se lavaron las manos. Eso sí, al ’94 llamaron del VAR para expulsar a un jugador (Capaldo) que, igual ya no jugaba la revancha por acumulación.

El mismo tenor de temeridad la usó Pinola, de River, en la mitad de la cancha pero nadie se acordó de ir a verla. Así no se puede jugar y, lejos de ayudar a hacer mejor el fútbol, la herramienta confunde el sentido de justicia, olvidándose de los fundamentos y el espíritu del juego que fue siempre un deporte de contacto, donde las pelotas divididas son eso, divididas: a veces para un lado y a veces para el otro. Las mismas que en la mitad de la cancha no se cobran, ni se seguirán cobrando ante la falta de legislación y que de repente en el área pasan a estar todas bajo la lupa.

Pedirle al jugador Mas que evite estirar la pierna para bloquear un eventual remate es desvirtuar el juego; en tiempo real, parece que Borré choca la pierna estirada del defensor y así la interpretó el juez central que estaba al lado de la jugada. Cuando se detuvo el partido lo llamaron y le sirvieron en bandeja la decisión. Lejos de pasar la jugada en tiempo real, le pasaron el momento del impacto en cámara lenta para atrás y para adelante. Viéndola así no le quedó otra que marcar la infracción. Pero, ¿es esa la justicia que reclama el fútbol o se deberían preservar los valores lúdicos del deporte más hermoso del planeta?

Boca planteó un partido similar al que jugó en la misma cancha por la liga un mes atrás. Para no perderlo. En este caso, si podía hacer un gol, mejor. Pero sacrificó un centro delantero (Soldano) posicionándolo como volante exterior y un enganche habilidoso (Reynoso), por el otro costado, más para correr hacia atrás que hacia adelante. Los dos fueron superados todo el partido, no fueron solución defensiva y menos ofensiva cuando Boca se repetía con los pelotazos a su delantero, solo para encontrarse con el equipo 30 metros detrás de él.

Hasta la media hora de juego River, que manejó siempre mejor la pelota, no generó peligro. En el último cuarto de hora las intervenciones del arquero Andrada evitaron un segundo gol. Que llegó en el complemento por el mejor y más dinámico juego del rival, un fútbol de mejores combinaciones, de mayor ambición y de una notable diferencia de calidad y hasta de jerarquía de los jugadores locales.

¿Pudo haber hecho un gol Boca? Sí, pudo, pero sin juego, sin idea ni un plan definido de cómo buscarlo más allá del recurso de tirársela al nueve para que la aguante. Boca terminó en cancha con Salvio, Zárate, Tevez y Abila, cuatro jugadores de ataque puestos a la desesperada sin una idea clara de cómo complementarse. Como para disimular la crítica al pobre juego, que después del partido se desvió hacia el VAR.

Podrán tener razón los que reclaman, insisto, pero también es verdad que a Boca en los 87 minutos que le siguieron a la jugada en cuestión no se le cayó una idea futbolística de cómo revertirlo, ni desde el banco se supo pegar un golpe de timón o de efecto para torcer el rumbo de un partido que terminó como debía terminar.

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