Selecciones con afecto

Edgardo Broner
Lunes 28 de mayo 2018

“Que de la mano de Leo Messi, todos la vuelta vamos a dar”, sonaba el coro de 25 mil niños en las tribunas de Huracán, donde la Selección Argentina hizo un entrenamiento abierto después de muchos años. Los tiempos fueron alejando a los jugadores de su gente, que los tiene muy presentes en las pantallas de televisores, celulares o computadores, pero no puede verlos en persona. Ya no transitan los mismos lugares que los demás y las entradas de sus partidos son inaccesibles para la mayoría.

Los asistentes a las práctica fueron niños, niñas y adolescentes, con los adultos necesarios para acompañar los grupos. Las invitaciones se repartieron en las escuelas formales, las de fútbol, los clubes barriales y organizaciones sociales de los alrededores de Buenos Aires. La emoción de los chicos era conmovedora. Para muchos fue la primera vez en un estadio y tuvieron a pocos metros a las figuras que surgieron de sitios muy similares a los suyos. Los referentes irradiaban un enorme entusiasmo por una actividad inesperada y única.

En estos mismos días, las selecciones se están despidiendo en sus países para viajar a Rusia, con o sin escalas. Colombia compartió la alegría de un pueblo con ritmo musical y los jugadores cantaron con Maluma antes de la práctica en El Campín. Brasil abrió las puertas en Teresópolis con tiempo para autógrafos y fotos. Perú regresa a la Copa después de 36 años y se juntaron 30 mil espectadores para un entrenamiento en el estadio Nacional.

Los cantos unánimes fueron los dedicados a Messi y “el que no salta es un inglés”, que une a las hinchadas por encima de las rivalidades. Hubo gritos emocionados cuando apareció el arquero Armani y del nombre de cada jugador que se aproximara. El capitán respondía saludando con la mano y otros lo hacían tibiamente. Otamendi lesionado interactuó un poco más. La mayoría de las camisetas albicelestes en las gradas llevaban el número 10, como en todos lados. En su país es donde más se lo critica y donde recibe el máximo afecto, desde los más pequeños hasta los mayores, compartiendo la ilusión de ganar un Mundial.

Hubo delegaciones de las divisiones menores de los equipos de la AFA. Los de Independiente alentaron a Maxi Meza y parecía que no notaran lo cerca que tenían a Sergio Agüero, ídolo histórico del club con regreso anunciado. Se fue hace 11 años, nunca lo vieron con la camiseta roja y Meza es el espejo actual.

Sampaoli ni pensó en armar un show. No podía descuidar uno de los pocos entrenamientos. Entrada en calor, charlas, trabajos en grupo, fútbol reducido. Fueron atractivos los partidos cortos con arcos grandes, con felices gritos de gol del público. Había un comodín, que fue Messi en una de las canchas, jugando para el equipo que le pasara la pelota. Fueron deliciosos sus toques, asistencias y definiciones. Los tiros libres completaron la fiesta. Se quedó pateando junto a Higuaín que sintió el cariño olvidado.

El acercamiento al público pudo haber sido mucho mayor, pero se dio un buen paso después de tanto aislamiento. En el alambrado había camisetas colgadas esperando por una firma. Hubiera sido lindo que los futbolistas saludaran más tiempo y a menor distancia, además de cualquier acción de mercadeo para entregar algún recuerdo, ante la dificultad de cumplir con miles de autógrafos.

Argentina viajará a España e Israel antes de llegar a Rusia. Lo hará llevando la música formidable del aliento de los niños y la imagen de tantas sonrisas de felicidad.

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