Rivales cambiantes

Edgardo Broner
Lunes 14 de mayo 2018

Pasa hasta en los Mundiales. Algunas selecciones definen su clasificación o eliminación en el segundo partido y en el tercero arman un once con varios suplentes. Sus rivales encuentran una supuesta ventaja en relación a quienes habían enfrentado a los titulares y esa diferencia puede definir el regreso o la permanencia de un equipo que representa las ilusiones deportivas de un país, construidas durante varios años.

En estos tiempos de definición de campeonatos hay situaciones de desigualdades de ese tipo en varios puntos del mapa, generando tensiones, sospechas e injusticias. El calendario intercala también partidos clave de los torneos internacionales de clubes y los entrenadores alternan sus piezas fijando prioridades, siempre pensando en lo suyo, sin consideraciones del desequilibrio que puedan estar generando.

El viejo sistema de liga, todos contra todos a dos vueltas durante un año, solo sobrevive en Europa. Es el más justo, con desafíos equivalentes para cada club, por más que el calendario pueda presentar diferencias de exigencias o viajes consecutivos. El campeón no tiene discusión, aunque un solo punto o un gol puedan determinarlo. Sin embargo un día no juega Messi en el Barcelona y cambia todo el panorama.

En América hay torneos a una sola vuelta, que marcan desigualdades según a quién se reciba de local y a quién haya que visitar. Donde se juega una liguilla final, como en Colombia o México, se atenúan las injusticias porque hasta el octavo tiene posibilidades de consagrarse luego.

Las últimas fechas del torneo argentino tuvieron polémicas alrededor de las clasificaciones a las copas, ya que algunos equipos priorizaron sus compromisos de la Libertadores, dándoles descanso a sus figuras en el torneo local. Eso también había sucedido a lo largo de todo el campeonato, solo que al final resulta mucho más evidente el peso de los puntos.

Ariel Holan, entrenador de Independiente, reclamó porque Boca iba a poner un equipo alternativo frente a Huracán, rival por el cupo internacional de los Rojos, que finalmente perdieron ante Unión el partido que necesitaban ganar. La preocupación por lo ajeno pareció más importante que lo propio.

Curiosamente Boca dependía de que, cuatro días después, Palmeiras no perdiera con Junior en el último juego de su grupo, para así poder llegar a octavos de la Libertadores. Y los paulistas, con el objetivo ya logrado y las exigencias del Brasileirao, no tenían motivos para arriesgar a sus titulares. Para colmo, los organizadores de algunas ligas no tienen contemplaciones con sus representantes internacionales. Hace poco, el club de Barranquilla debió afrontar en 24 horas un partido local ante Atlético Nacional y otro copero recibiendo a Alianza Lima.

Se argumenta que, a lo largo de un certamen, el título, las clasificaciones o el descenso tienen que ver con la campaña durante toda la temporada, por más que esté plagada de estas irregularidades. Y suele pasar que los suplentes hacen un esfuerzo excepcional para aprovechar su oportunidad y terminan complicando más que las estrellas.

Es la realidad de los torneos. Cada equipo al que se enfrenta presenta una versión especial en esa jornada, fortalecido o debilitado en nombres, en respuestas físicas o anímicas. Pasa con los rivales, como cuando se juega en campos en mal estado, diferentes climas, fechas u horarios desfavorables. Para salir campeón, ir a una copa o mantener la categoría hay que tenerlo en cuenta y fortalecer al máximo lo propio.

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