Revolución de octubre

Edgardo Broner
Lunes 28 de agosto 2017

La tensión futbolera en Argentina ante el endeble quinto lugar de su selección se vive con desconcierto, entre la crítica lapidaria al plantel y la esperanza de que la calidad de sus jugadores se manifieste de una vez en la cancha. Se agotan los tiempos.

No es fácil entender fuera de las fronteras la culpa que se le echa al mejor del mundo. Si bien el público coreó su nombre en medio de los silbidos tras el empate con Venezuela, se espera que él solo salve al equipo, como lo hizo frente a Colombia. Jorge Valdano razonó que sus compatriotas expresan su cariño con los ídolos cuestionándolos.

El escritor Roberto Fontanarrosa explicaba con su originalidad estas situaciones de angustia: “En algún lugar de la Biblia debe decir ‘y los argentinos jamás perderán al fútbol’, porque nos produce sorpresa, vergüenza, perplejidad, cuando pierde el seleccionado argentino”. Y lo relacionaba con el orgullo de la tierra de Di Stéfano, Sívori, Maradona y Messi. El domingo, los hinchas de Godoy Cruz desplegaron una bandera gigante con imágenes del Papa Francisco, Maradona y Messi, con la leyenda “Orgullo Nacional”, lo que pinta ese sentimiento.

Jorge Sampaoli armó equipos competitivos y ofensivos. Tendrá muy poco tiempo para Rusia, si logra la clasificación, pero la urgencia requería generar un sacudón. Cambió algunos nombres y el sistema, pero no hubo respuestas. Los goles llegaron después, con las camisetas de los clubes europeos.

Se acusa a los futbolistas de no esforzarse en la Selección. Brillan en torneos de liga, cobijados por una estructura sólida durante todo el año. Luego enfrentan a los mejores de cada país, tienen un par de entrenamientos y viven en medio de una organización golpeada por los escándalos. Dan el máximo, con alguna excepción aparente por el estilo de Javier Pastore.

El aluvión inicial albiceleste encontró a Icardi desperdiciando oportunidades y a un arquero espectacular como Wuilker Faríñez resolviendo las que iban hacia la red. No hubo situaciones afortunadas ni tiros en los palos. Era para una diferencia más que mínima, pero eso no sirve si se define mal o el rival responde bien. Después el partido fue parejo.

El arbitraje del chileno Roberto Tobar fue equilibrado. La Vinotinto siempre había caído en Buenos Aires, la mayoría de las veces con claridad, pero padecía a jueces que empujaban con decisiones, como tiros libres al borde del área por una falta que no había sido, hasta un penal o una expulsión. El auxilio no llegó ahora.

Sampaoli deberá elegir a los mejores para que nadie flaquee y puedan marcar las diferencias de pergaminos que no juegan. Se debate si trasladar el partido a La Bombonera, un tema menor y desafortunado, ya que fue el escenario de la única vez que la Albiceleste fue eliminada. Y ante el brillante Perú de México ´70.

Este año se cumplirá en un siglo de la Revolución Rusa, la Revolución de Octubre, el mes en que se definirán los 3 pasajes y medio a la antigua Unión Soviética, acompañando a Brasil. Uruguay y Colombia están a un triunfo de lograrlo. Perú y Argentina dependen de sí mismos, igual que Chile, en el peor caso con escala en Nueva Zelanda. Paraguay y Ecuador no están afuera todavía.

La Revolución se produjo el 25 de octubre, según el calendario juliano con el que se regían entonces en Moscú. En el gregoriano, la fecha es el 7 de noviembre, justo en medio del anhelado repechaje. A la Plaza Roja también se llegará vía Auckland.

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