Real Madrid-Barcelona: La polarización de opiniones

Sammy Sadovnik
Lunes 16 de abril 2018

Terminada la ronda de cuartos de final de la Liga de Campeones de Europa y conocidos ya los cuatro equipos que disputarán las semifinales, podemos bajar el balón y atemperar opiniones.

Lo que generó la eliminación del FC Barcelona y la clasificación del Real Madrid fue una combinación hepática de comentarios de los aficionados, hinchas o simplemente simpatizantes de ambos clubes que dejó muy poca claridad y objetividad.

Claro, es imposible pedirle esas características a un aficionado, pero de allí a caer en la provocación, el lenguaje procaz o la violencia verbal, hay un enorme distancia.

Cuando uno llega a este país, hablo de los Estados Unidos, mi casa desde hace 18 años, se acostumbra a ver diferentes ligas del mundo, situación que hace tres décadas era una utopía en este país donde existía el circuito cerrado de televisión. La lejanía con nuestros países acaso generó que muchos se identifiquen con uno u otro equipo apoyados por el buen fútbol de las dos figuras más importantes de la actualidad, quienes además se han repartido en la última década los Balones de Oro: Lio Messi y Cristiano Ronaldo.

Esta situación también la pudimos palpar en distintas visitas, por ejemplo, a Honduras, El Salvador o Costa Rica, cuestión que nos sorprendió ya que en esos países se tiene al equipo local como propio pero también y a veces más a uno de los dos equipos españoles.

Para mí el equipo de uno sigue siendo el equipo de uno, con el que creció, sufrió, disfrutó y apoyó desde chico. El de los colores de su camiseta tatuados en tu corazón para toda la vida, uno no se cambia de equipo como se cambia de ropa interior.

Hoy a la distancia, si bien es cierto, se puede disfrutar todavía de esa emoción de buscar como le fue al equipo de tus amores un fin de semana.

Pero el fenómeno que ocurre con Barcelona y Real Madrid es digno de un estudio mucho más profundo. Las reacciones al penal que fue o no fue sobre Lucas Vásquez, las decisiones arbitrales en ambas veredas, si Messi es mejor que Ronaldo y tantas otras polémicas viscerales, marcan nuestras semanas de fútbol con equipos lejanos y de otras latitudes.

La respuesta pragmática de algunos y violenta de otros nos da mucho que pensar. Atrás quedaron el análisis frontal, la conversación de Bar, no del VAR, las charlas de café que muchos chicos hoy no conocen por el mismo desarrollo tecnológico en el que uno también se ve envuelto.

Sigamos disfrutando de los “Messis y Ronaldos” porque somos privilegiados en poder observar a estos extraordinarios jugadores de fútbol, solo me pregunto qué pasará el día de mañana cuando ambos ya no jueguen más al fútbol. ¿Seguirá esta polémica? ¿Seguirán los simpatizantes con el mismo interés que hoy siguen a estos dos equipos por sus emblemáticas figuras?

Preguntas que uno se hace al calor del momento o hasta que llegue ese instante en que ellos decidan poner punto final a sus carreras profesionales.

El fútbol es opinable. Esa condición lo hace el más popular de los deportes, entre otras muchas cosas, pero también permite que muchas veces la intolerancia del calor del momento o el resultado lleve el debate a insospechados caminos donde se cruzan, infelizmente, niveles escasos de intercambio en donde muchas veces, arrastrados por esa vorágine, se llegue a un bajísimo nivel de criterio.

Sigamos disfrutando de este lindo deporte que finalmente es un juego. No perdamos ese sentido lúdico que debe tener más allá de emociones, colores, camisetas o polémicas.

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