¿Qué pasó con el campeón de América?

Andrés Cantor
Lunes 18 de diciembre 2017

En la preparación de la transmisión que me tocó en la tele de la final del Mundial de Clubes, di con la crónica y las fotos del triunfo de Gremio al Hamburgo alemán en la final de la Copa Intercontinental. Repasé algunas imágenes en YouTube para recordar un partido que seguramente ya había visto, y me topé con un trámite parejo, con un caudillo como Hugo de León apuntalando a todos desde el fondo y a un loco lindo de pelo suelto, distinto, rebelde y muy talentoso llamado Renato, autor de los goles del triunfo. El mismo que hoy como técnico parecía ser el más contrariado, más que sus jugadores, sobre el final del juego contra el Real Madrid.

De un tiempo para acá, el Mundial de Clubes se ha convertido en un mero trámite para los campeones de Europa y antes, claro, no era así. Lo que ví en Abu Dhabi me dejó perplejo. Primero porque el campeón de América es brasileño. Gaúcho me dirán ustedes, para ser precisos, pero con el ADN futbolero de Brasil. Ese equipo rústico, que no se animó a nada, que no fue capaz de tirar dos paredes en una misma secuencia, que no tuvo ni una pizca de la rebeldía que tenía su técnico, fue un irreconocible equipo brasilero. De encender la tele, sin conocer los colores, pocos hubieran imaginado que ese cuadro blando que apenas competía contra los blancos era el campeón de América y menos un equipo brasileño.

No voy a descubrir ahora la enorme brecha que existe y que se estira cada vez más entre el fútbol de Europa y el de esta parte del mundo. Y cuando digo esto debería circunscribir la definición continental a unos pocos en Europa. Porque estoy seguro que al Levante, al Huddersfield, o al Spal, este Gremio le pinta la cara. Pero la diferencia es tal hoy día que Real Madrid pareció jugar la final contra el Levante.

Lo que más me llamó la atención del Gremio fue su falta de actitud, de garra, de huevos, para afrontar la final. Que se entienda bien: cuando a los dos minutos el capitán Geromel (de lo más rescatable) le dejó marcado los tapones a Cristiano en su gemelo, pensé que por ahí pasaría la cosa hasta que el árbitro lo permitiese. Y no digo que debió ser así. Pero sí pensé que Gremio iba a dar pelea, que dejaría la vida en cada pelota, que iba a vender cara su derrota. Me quedé con las ganas. Y para muestra rescato los tres minutos de compensación. Gremio 0-1 abajo y con la pelota, la jugó de lado a lado e incluso atrás a su arquero. Una sola vez intentó tirar un pelotazo al área del Madrid. Y se le iba el partido y la final. Después entendí bien. Apenas terminó el juego, antes de ver a los jugadores brasileños desconsolados en el piso por la final perdida, los vi yendo detrás de los del Madrid a pedirles su camiseta.

Por suerte a la hora de las medallas subieron con la tricolor.

No sé quiénes serán los próximos campeones de Europa ni de América, pero intuyo que se volverán a enfrentar en la final de Emiratos el año entrante. La diferencia en la riqueza de los planteles seguirá siendo la misma. Solo pido que el campeón de la Libertadores compita con la fibra histórica que siempre les hizo competir, cuando muchas veces les ganaban con fútbol, personalidad y sangre a equipos no tan poderosos como los de ahora, pero poderosos al fin.

Si el campeón de América representa nuestro fútbol sudamericano (aunque muchas veces sea una generalización que alimente la vieja discusión de si el campeón es el mejor). Pero es campeón al fin. Por eso lo mínimo que se le exigirá es que juegue con chapa de campeón, que honren la historia de la Libertadores, tenga a quien tenga enfrente.

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