Problemas co-laterales

Daniel Chapela
Lunes 28 de agosto 2017

La próxima doble fecha eliminatoria coloca a México en el umbral de la clasificación a Rusia 2018. Virtualmente adentro, la corroboración matemática podría llegar, incluso, tras el primer partido ante Panamá en el Azteca. Ese colchón estadístico soporta el trabajo de Juan Carlos Osorio, el mejor aval para mostrar delante de sus patrones, el periodismo y la opinión pública.

Sus decisiones siguen generando debate. El último llamado, sin laterales de oficio en el listado, abre la discusión respecto del método y las ideas que sostienen su propuesta de juego. No fue sorpresiva la ausencia de especialistas en los costados. Sus formaciones hablan de un técnico que gusta colocar en esa zona un perfil determinado de jugador y que con frecuencia emplea defensores centrales como marcadores de punta (Diego Reyes, Carlos Salcedo, Oswaldo Alanís, Héctor Moreno). Valores como la estatura y el rigor en la marca privan por sobre el desdoble, la capacidad de asociación o la profundidad.

Los argumentos esgrimidos por el entrenador en su última rueda de prensa corroboraron el concepto: Osorio no contempla otros perfiles para ejercer de laterales, lo que cierra la puerta a nombres que incluso figuraron en otras convocatorias. Así, elementos como Paul Aguilar, Luis Reyes, Edwin Hernández o Jesús Sánchez no cuentan como opciones reales en el ideario del seleccionador mexicano.

El asunto a discutir es qué influencia real en el juego tiene este modo de hacer. Y, especialmente, cómo afecta al equipo en su idea de dominar los partidos desde una posición propositiva, tal como el propio Osorio ha pregonado desde su llegada. Cabría analizar si esta figura no ha tenido algún peso en la ausencia de volumen y variantes en fase ofensiva, especialmente en aquellos compromisos ante rivales que obligan a generar espacios y ventajas en franjas reducidas. Un guión repetido una y otra vez.

La influencia de los laterales en el fútbol moderno es superlativa, al punto de haber transformado el rol y su abanico de posibilidades. Para muchos de los entrenadores que son referencia en el mundo, el lateral es una pieza nuclear en los circuitos de elaboración, con incidencia en sectores por los que antes apenas transitaban. Hoy es habitual que no solo doblen al extremo o lleguen a la línea de fondo para enviar un centro: los movimientos interiores son cada vez más comunes y la interpretación eficaz de los mismos en un funcionamiento óptimo, propician las superioridades e incrementan los registros de ataque.

Los laterales de Osorio no se ajustan por norma general a estos patrones. Cuando plantea líneas de cuatro defensores, al menos uno de los laterales es un central ajustado a la posición, con las consecuencias lógicas que se derivan. Miguel Layún ha sido su único especialista. Sin el hombre del Porto en la última citación, el Tri solo dispondrá de piezas que se ajustarán a una demarcación distinta a la que suelen ejercer en sus clubes (Diego Reyes, Edson Álvarez y Jesús Dueñas, por la derecha; Héctor Moreno y Jesús Gallardo por la izquierda), con la excepción de Raúl López, llamado a última hora para suplir la baja de lesionados. En línea de tres, el DT colombiano ha utilizado muchas veces a volantes o extremos devenidos en carrileros, una función que han cumplido Javier Aquino, Hirving Lozano, Jürgen Damm, el mismo Gallardo o Elías Hernández.

La duda, por encima de las respetables convicciones del preparador, se fundamenta en los problemas de funcionamiento que han aquejado a México en los últimos tiempos. El Tri no juega bien, se vuelve predecible con frecuencia y la capacidad de intervención del conductor, con cambios que modifiquen las dinámicas encalladas, se ha visto limitada por el propio corsé que se impone. Desdeñar el uso de laterales naturales que intervengan con protagonismo en el juego ofensivo, forma parte de esa rigidez que le resta vuelo futbolístico al equipo. De allí que cada postura sea sometida a un lógico ejercicio de reflexión y análisis.

Los duelos ante Panamá y Costa Rica volverán a servir de examen para una selección que necesita convencer y convencerse de la idea que ejecuta. Fuera de los objetivos mundialistas trazados, una meta no menor que ya Osorio tiene en el bolsillo, la deuda de juego sigue martillando el oído del timonel. Y los tiempos para pagarla se reducen.

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