Post Mundial

Jaime Gallardo
Viernes 14 de septiembre 2018

Antes de celebrarse el Mundial de Rusia se daba por descontado que Juan Carlos Osorio se iría o lo echarían del Tri; a la postre el hecho terminaría por consumarse, pero no con la prontitud, ni con las formas drásticas en las que se especulaba se daría la desvinculación del colombiano con la Federación Mexicana de Futbol.

La presentación mexicana en la Copa del Mundo resultaría inolvidable: superando y derrotando al entonces vigente campeón del mundo. El partido contra Alemania terminó siendo el parteaguas del espinoso proceso de Osorio.

La victoria sobre los germanos presagió un Mundial de fantasía para un equipo Azteca al que se le auguraba un estruendoso fracaso previo a que el balón mundialista comenzara a rodar. Varios de los muchos detractores del seleccionador pensaron que el sudamericano callaría bocas y les haría tragarse sus palabras por sus incontables críticas a su forma de trabajar.

En Rusia, algunas cosas fueron diferentes para el equipo mexicano, empezando por el impensado inicio ganador sobre los alemanes; Osorio entendió o se traicionó y no hizo las numerosas rotaciones a las que nos tenía acostumbrados. El plan de acompañamiento para mejorar el estado físico de los jugadores no fue tan efectivo, pues de la mano con el andar del Tri en la tierra de los zares fue de más a menos.

Refrendado el triunfo y la ilusión inicial venciendo a Corea del Sur en el segundo partido, el conjunto de Osorio se fue desmoronando, aplastado por Suecia en el último partido de la fase de grupos y siendo fácil presa de Brasil en el cuarto partido, en la instancia de octavos de final. La actuación del Tri ante los brasileños fue una pálida sombra en comparación a la de su deslumbrante presentación.

El balance final de la selección mexicana en el Mundial de Rusia fue el mismo de los últimos seis mundiales; es decir que en los últimos 24 años el futbol mexicano sigue soñando con “cosas chingonas”, suspirando por el quinto partido, incapaz de pasar del cuarto. Será porque como dicen en el rancho ¿“el que nace para maceta no pasa del corredor”?.

Pasados muchos minutos después de su conferencia de prensa en las catacumbas del estadio de Samara, Juan Carlos Osorio habló en los micrófonos de Futbol de Primera, sin saber que esa terminaría siendo la última entrevista que daría como entrenador del Tri; el tema de su continuidad era pregunta obligada, el colombiano respondió “próximamente me reuniré con los jefes ellos tomarán su decisión y yo tomaré la mía”.

Contra muchos pronósticos los nuevos jefes de la FEMEXFUT se decidieron por la renovación del director técnico, pero Juan Carlos Osorio prefirió irse.

La tarea de Yon de Luisa, Guillermo Cantú y amigos que los acompañan en la Comisión de Selecciones es la de buscar el entrenador que habrá de encabezar el proceso de la selección mexicana para el Mundial de Catar 2022, labor que, hasta ahora, ha resultado infructuosa.

El clamor pre mundialista por Almeyda y Herrera se esfumó; la parsimonia con la que en apariencia están actuando los federativos ha estado acompañada por la negativa de varios de los técnicos prospectados.

La dirección técnica del Tricolor ya no es el anhelado objeto del deseo que llegó a ser para muchos entrenadores de la liga mexicana y algunos extranjeros. En alguna medida porque ahora se sabe que sentarse en la banca de la selección mexicana es lo más parecido a sentarse en la silla eléctrica, porque asume como el responsable de un equipo que está sometido a un permanente linchamiento.

Salvo excepciones, como el partido contra Alemania, haga lo que haga el Tri es criticado por un entorno mediático bipolar en el que o todo es blanco o todo es negro, lo grises no se conocen y en medio, los aficionados que se cargan a un lado o al otro dependiendo si su equipo gana o pierde.

Para algunos es contra natura hacer algún comentario positivo del Tri y para otros lo es el hacer un comentario negativo. El desgaste para los entrenadores del conjunto azteca ha sido brutal, agregando los compromisos comerciales, el apoyo condicionado de los clubes.

Así las cosas el escenario actual es:

Opción1.-Ferretti, Opción2.-Ferretti, Opción3-Ferretti. El brasileño que es un “venado muy lampareado” se da a desear y los Tigres se ponen sus moños.

Quienes mandan en el futbol mexicano siguen en la creencia que quien resulte ungido como entrenador será un mesías que con mágicos poderes haga el milagro de llevar al Tri al quinto partido o más allá, a pesar de todos vicios que ellos le han generado.

No entienden que más que un entrenador requieren un proyecto, con objetivos a corto, mediano y largo plazos, tomando en cuenta las características de la materia prima con la que se cuenta (jugadores) y en base a ello determinar el perfil del técnico adecuado y buscar opciones.

Así que, sin importar quién tome el banquillo, se augura más de lo mismo, para bien o para mal…

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