Osorio en su laberinto

Daniel Chapela
Lunes 12 de junio 2017

El partido que enfrentó a México contra Estados Unidos fue, seguramente, el mayor obstáculo táctico que encontró Juan Carlos Osorio como conductor del Tri. Por lo que propuso el rival y por su propio planteamiento e intervenciones. Obligado a romper un bloque defensivo compacto y aplicado, el técnico colombiano no hizo la mejor interpretación del mapa previo del partido y, en su desarrollo, tampoco fue capaz de virar la dinámica de sus dirigidos.

Algunos sellos distintivos de su modelo de juego fueron minimizados por el cuadro de Bruce Arena. Una vez más, como ha ocurrido ante otros examinadores que hicieron propuestas parecidas, a México le costó encontrar soluciones para procurarse espacios, desequilibrar y llegar a posiciones ventajosas de definición ante un equipo posicionado para reducir las franjas del terreno y obstaculizar las líneas de pase. Ni por afuera ni por adentro. Ni en posesión de la pelota ni con envíos directos a espaldas de los defensores.

La elección inicial de algunos intérpretes mostró claras descompensaciones. Los laterales, Carlos Salcedo y Oswaldo Alanís, utilizados con éxito en otros contextos, representaron un despropósito para los planes de generar caos en el rival, imponerse en los duelos o propiciar superioridades. Marcadores centrales por naturaleza, ni Salcedo ni Alanís aportaron en fase ofensiva, una faceta que iba a predominar como misión dadas las condiciones que el duelo planteaba. Porque, más allá de la cantidad de modificaciones en el once de Arena, nadie pensaba que en el Azteca y apurado por las urgencias, la propuesta estadounidense fuese otra.

La primera intervención de Osorio fue radical: afuera Alanís, adentro Jesús Gallardo. Con el hombre de Pumas en la cancha, México pasó a atacar la banda izquierda con dos extremos (Gallardo e Hirving Lozano) y a ganar los duelos contra DeAndre Yedlin, lateral volante del seleccionado visitante. Aunque fugaces, fueron los mejores momentos del Tri.

En la otra banda, Osorio también intervino: trocó las posiciones de Salcedo y Diego Reyes, propiciando que este ganase espacio en el costado por el que caía Carlos Vela. La idea pasaba por ampliar la cancha, estirar las líneas del rival y abrir así pasillos interiores. Fue una solución lógica que sin embargo no encontró una buena respuesta en su ejecución. Estados Unidos no cedió un palmo en su mecanismo de relevos y ayudas, manteniendo el choque bajo control. Sus tres centrales ganaron la mayoría de desafíos y el trabajo de los mediocampistas de marca dejó pocos resquicios. Un notable ejercicio defensivo.

Osorio insistió en conseguir respuestas que le permitiesen imponerse. Javier Aquino sustituyó a Marco Fabián, quien nunca pudo ver el partido de frente y su juego acabó diluido. El volante de Tigres cayó en la izquierda, a perfil cambiado, Lozano se movió al sector opuesto y Vela se integró a los circuitos de elaboración como interior zurdo. Más volumen por fuera para intentar quebrar la resistencia. El resultado no fue el esperado.

La última modificación (Orbelín Pineda por Jonathan Dos Santos) fue también el intento postrero de Osorio por modificar la dinámica de los suyos. Alguien que aportara explosión en el medio sector, que agitara a un rival cansado y terminara de abrir brechas por dentro. Tampoco hubo caso.

En el juego de estrategias, Arena se impuso a Osorio. Si bien el juego lo definen los futbolistas, hubo un cruce de planteamientos que condicionaron claramente su desarrollo. El DT colombiano fue sorprendido por las decisiones y el entramado táctico de su contraparte. Reaccionó, pero ya le habían tomado ventaja. En la alta competencia, un detalle así puede ser la diferencia entre trascender o quedarse en la medianía.

La Copa Confederaciones aparece como el gran desafío de México y de Osorio como conductor. Nadie espera que selecciones como Portugal o Rusia armen murallas defensivas. Lo contrario, el Tri se hallará en una situación en la que podrá jugar de igual a igual y exponer al máximo sus capacidades. Allí estará ante una gran vitrina que podrá catapultarlo o hundirlo.

El laberinto de Osorio tiene que conducir a una salida feliz y segura. Es lo que esperan todos los que creyeron en su mapa de ruta y confían en no perderse. La bitácora apunta a Rusia como punto de partida.

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