Nuestro mundial de clubes

Edgardo Broner
Lunes 11 de diciembre 2017

Mientras en Abu Dabi comenzó a jugarse el Mundial de Clubes, Sudamérica vive su propia competición con una pasión conmovedora. La Fifa está revisando un torneo marcado por las desigualdades, con un solo representante de cada continente y partidos que solo atraen a los involucrados.

Real Madrid se medirá con el Al Jazira local, rodeado de la emoción por estar en el campo junto a los famosos. El juego más atractivo, entre Pachuca y Gremio, permitirá a uno de los dos encarar el sueño imposible de destronar a los merengues. Durante décadas las diferencias pudieron equipararse con la técnica y el coraje de nuestro continente, pero la emigración permanente de un lado y la contratación insaciable del otro hicieron infinita la brecha.

A más de 13 mil kilómetros, millones de argentinos y brasileños vibran con la final de la Copa Sudamericana. Flamengo tiene un plantel de mayor jerarquía, pero Independiente le pelea el título con buena técnica y un despliegue formidable, empujado por el rescate de su historia lejana que generó un enorme empuje en todos sus frentes, motivados por la acertada dirección técnica de Ariel Holan. Las distancias no tienen la dimensión que marcan los europeos, así que es factible acortarlas.

La sanción a Paolo Guerrero disminuyó el potencial ofensivo de los cariocas, que tienen delanteros fenomenales como Felipe Vizeu, pero la preocupación que genera el peruano a cualquier defensa siempre será mayor. A seis meses de Rusia 2018, comenzó así la lista de ausencias no deseadas, si bien se espera que la apelación pueda reducir los tiempos. Desde ahora, los ojos del mundo estarán atentos a cada caída de las grandes estrellas. Mucha gente hace fuerza para que no se resfríen ni Messi ni Neymar ni Cristiano Ronaldo ni las figuras admiradas de cada país. Los golpes que reciban les dolerán a millones de hinchas.

Las escenas de Brasil 2014 también se reviven en la Copa Sudamericana. En las playas de Copacabana paseaban miles de camisetas argentinas sabiendo que era imposible conseguir una entrada para la final del Maracaná. La definición copera en el mismo escenario emblemático animó a 15 mil seguidores de Independiente a comprar pasajes para ir a Río. Unos volarán tres horas, otros subirán a un autobús dos días antes, bajarán para el partido y volverán a sentarse para otras 48 horas de regreso. Los organizadores solo entregaron 4 mil entradas, así que muchos tendrán que vivirlo a orillas del mar de la ciudad maravillosa.

El partido de ida fue espectacular. Tuvo ritmo, calidad y emociones, enmarcado en la fiesta que se está viviendo desde hace varias semanas en el club de Avellaneda. Muchas horas antes el público vestido de rojo recorría las calles vecinas cantando y el coro continuó hasta la madrugada. El silencio con el gran cabezazo de Réver contrastó con el griterío desde la tribuna visitante, algo olvidado en Argentina, donde solo tienen acceso los simpatizantes locales. La ilusión que se derrumbaba renació con una reacción futbolística y anímica para viajar con ventaja de un gol. Exigua ante un Flamengo temible.

El Mundial de Clubes deseado, además de representantes de cada Confederación, debería tener a los grandes equipos. Con Barcelona, Bayern Munich, alguno de Manchester, Juventus, los grandes de Argentina y Brasil, tendría otro atractivo. Se sabe que no cabe en el calendario y competiría hasta con la Champions. Mientras tanto en Sudamérica se juegan los más apasionantes Mundiales, aunque tengan otro nombre.

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