Maracanazinhos gigantes

Edgardo Broner
Lunes 18 de diciembre 2017

Tras el Maracanazo de 1950, los logros visitantes en los grandes escenarios del mundo, contra los pronósticos, lo toman como espejo y se denominan Centenariazo, Monumentalazo, Bombonerazo, Nacionalazo o el nombre del estadio correspondiente con esa terminación.

El impacto de la consagración uruguaya en 1950 es inigualable. Fue un Mundial, con 200 mil hinchas en silencio, cuando el empate les hubiera alcanzado a los locales, que se habían puesto primero en ventaja. La leyenda es intocable, por más que aquella Celeste ya le había ganado otras veces a Brasil y el nivel era parejo.

Las dos vueltas olímpicas de Independiente en el mítico escenario fueron hitos muy fuertes. Los Rojos de Avellaneda habían festejado la Supercopa de 1995 ante el mismo Flamengo, un recuerdo que inspiró a los campeones de la Sudamericana 2017. En el mismo lugar celebraron Alemania en 2014 y Liga de Quito en la Libertadores 2008 frente a Fluminense.

El Maracanazinho es un gimnasio cerrado para 12 mil espectadores, sede de muchos torneos internacionales, parte del mismo complejo deportivo. Para no enojar al derecho de autor de la Celeste, puede decirse que lo de Liga fue un Maracanazinho y el de Independiente uno doble, aunque para sus hinchas las alegrías hayan sido de enormes Maracanazos.

La resurrección del Rey de Copas mostró realidades del fútbol de nuestros países. Ezequiel Barco tuvo su consagración continental a los 18 años, con la determinación a la hora de patear un penal decisivo para recuperar la historia de la camiseta. Unos días antes se supo de su transferencia a la MLS, para sumarse al Atlanta United.

Es imposible construir equipos fuertes en lugares de paso hasta que llegue la primera oferta y con consenso de que eso es inevitable. La nueva era de Independiente dependerá de cambiar esa política. No es la misma situación de cuando se fue Sergio Agüero, figura del campeonato a los 17. Ni se planteó la posibilidad de retenerlo por un tiempo, en el que podría haber encabezado una etapa como la actual.

Barco no tiene la categoría de Agüero, pero es el mejor exponente del juego creativo anhelado, con habilidad y visión de las que escasean. Le falta gol, sabiendo que transita el final de la adolescencia y podrá crecer mucho más. Su buena pegada completa todos los elementos técnicos deseados. En un año de desafíos en los que destaca la Libertadores, perderlo sería una debilidad notoria.

La clave del futuro de los Rojos pasa por la continuidad de su técnico Ariel Holan, ideólogo y realizador de este momento. Su llanto emocionado en Brasil tuvo que ver con los recuerdos de cuando su padre lo llevaba a la tribuna, el valor de la conquista y la angustia con la que vivió su familia los últimos meses.

Holan fue extorsionado por los líderes de la barra brava para que les diera dinero. Hoy están detenidos los cabecillas y más de cien tienen prohibido el ingreso a los partidos. Convive con amenazas y debe moverse con custodia a todos lados. Las ofertas desde otros países incluyen el atractivo de una vida normal todos los días.

Si se resignara a continuar así, sabiendo que las garantías que le darán no despejarán los peligros, su planteamiento deportivo será fuerte. Querrá organizar todo el fútbol del club, desde las divisiones menores, y armar un plantel para pelear la Libertadores. La séptima ganada por Independiente fue en 1984 y nadie ha podido igualarlo en estos 33 años. Así el Maracanazinho de la octava será el estadio más grande del mundo.

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