Lo que no se vio en la tele

Andrés Cantor
Martes 12 de noviembre 2019

Decir que volví deslumbrado por lo que vi en Anfield el domingo en el partido Liverpool-Manchester City es poco. Sin temor a equivocarme, creo que fui testigo de un partido de fútbol que rozó la perfección desde lo individual, lo colectivo, la riqueza técnica y táctica, las pocas imperfecciones y, sí, las polémicas del viejo fútbol sin VAR.

Quedé con la boca abierta con el juego desplegado por el equipo de Jürgen Klopp, porque jugar como jugó teniendo enfrente al City de Guardiola no lo hace cualquiera. El primer tiempo tuvo un vértigo que solo el diálogo del VAR con el central pudo detener. Los dos salieron a jugar. Teniendo desde arriba la amplitud del campo, y haciendo lo imposible por ver todo lo que pasaba fuera de mi campo visual centrado en la jugada inmediata para el relato, alcancé a ver cosas que en la tele no se ven.

Me voy a quedar con el análisis del Liverpool. Decir que el jugador menos efectivo con los pies fue su arquero Alisson no es faltar a la verdad. La mayoría de las salidas fueron con balón por abajo para atraer a los jugadores del City y el brasileño fue el menos preciso jugando la pelota con los pies. No regaló ningún balón, pero sí lo arriesgó demás. Su único punto débil, si podemos llamarlo así, porque por lo demás tiene una presencia que transmite seguridad.

La línea de cuatro me dejó boquiabierto. Por la tele al lateral derecho Alexander Arnold se lo ve cuando tiene la pelota, cuando no la tiene, está siempre pendiente del posible pase a él. Defensivamente pocas veces fue superado en velocidad por un extraordinario Sterling, y aún no sé si marca bien o no porque es un lateral que juega siempre de mitad de cancha hacia adelante. El cambio de frente que lanzó (de zurda) a Robertson en la jugada del segundo gol fue brillante, y el resto de la jugada fue una obra de arte. La transición con gol de una punta a la otra fue de lo mejor que vi en una cancha de fútbol, y según admitió Klopp, él también quedó deslumbrado por la jugada.

Siempre digo que en el fútbol de hoy el precio del pase de un jugador no condice con su calidad sino más con las dinámicas del mercado. No sé si el holandés Van Dijk vale 100 millones de dólares pero que es de los mejores centrales que juegan en este momento. Sobrio, siempre bien ubicado, atento al juego cuando la pelota está del otro lado, ordenando a Lovren para no quedar expuestos con los espacios que dejan los laterales con sus subidas, con voz de mando, pero sin aspavientos, con una calma a lo Federer, poco común en un zaguero central.

El dinamismo que tiene la mitad de la cancha es notable. El más fijo de todos es Fabinho, se despega poco de su eje central porque siempre tiene a los costados, en una zona compacta cuando las transiciones no son rápidas, a los dos laterales por afuera, a Wijnaldum y Henderson como interiores y al propio Roberto Firmino que juega con la 9 en la espalda, pero cuya invaluable contribución al juego del equipo está lejos del arco. Lo del brasileño es deslumbrante, está en el inicio de las jugadas a 50 metros del arco rival, sus movimientos liberan espacios porque quien lo sigue con marca deja el espacio para que en ellos aparezcan los interiores, y casi siempre está en el área en el desenlace de la jugada.

Luego están Mané y Salah. Lo del senegalés es admirable. El ida y vuelta que tiene, la inteligencia para saber cuándo cambiar el ritmo y aparecer en zona de peligro. La capacidad para controlar en velocidad la pelota y generar constantes llegadas lo convierten en uno de los mejores volantes ofensivos de la actualidad. Se cansó en el segundo tiempo, sobre todo en el retroceso, pero igual jugó un partido completo. Del otro lado Salah tiene la misma explosión que hace que tanto en el mano a mano como en los pases profundos sea muy difícil de defender.

Pensar que la brillantez que vi en el Liverpool, corresponde a un equipo que estaba jugando su tercer partido de la semana, y aunque hayan bajado entendiblemente un poco su ritmo de juego en el complemento, fue suficientemente sostenido como para superar a un muy buen Manchester City.

La ejecución de las transiciones defensa-ataque, la precisión para jugar en velocidad, las coberturas de espacios hacia adelante y hacia atrás, la capacidad técnica, el despliegue físico y el entendimiento del juego de los once futbolistas en cancha hacen del Liverpool el mejor equipo del mundo.

Si pasan el brutal calendario de diciembre sin lesionados podrán empezar a soñar con su primer título de Premier League. En esa liga este año no parecen tener rivales.

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