Las escuelas del mundial

Edgardo Broner
Miércoles 2 de mayo 2018

Cada cuatro años, la Copa del Mundo genera emociones que se comparten en 200 países. En nuestro continente se vive con gran intensidad y durante 32 días se convertirá en el tema central de las conversaciones, adelantado desde la final anterior y creciendo en la medida en que se acerca la inauguración.

Cuando se miran los partidos surgen inquietudes que trascienden lo deportivo. Se comenta sobre el país representado, su idioma, sus costumbres o la trayectoria de los jugadores. También se discuten las jugadas polémicas revisando el reglamento y se calculan las posibilidades de clasificar.

El lenguaje universal de la pelota motiva a incursionar en áreas a las que se suele ser reacio. Los jóvenes se acercan a la lectura, hacen cálculos, aprenden historia, geografía y se interesan por las reglas, entusiasmados por el deporte. Los mayores fueron conociendo mucho más el mapa en la medida en que sus equipos participaban en los torneos internacionales o su selección se medía con otras.

Desde el campo de juego se presentan innumerables situaciones para pensar y resolver, en un contexto que motiva para aprender más y mejor. Además de observar, analizar y discutir sobre los partidos, surgen cuestiones externas e inquietudes cuantitativas y cualitativas.

Rusia 2018 acercará a 32 países y a algunos más por los clubes en los que juegan los futbolistas. Del anfitrión se conocerán sus lugares y su rica historia, trasladándose con la imaginación a recorrer sus sedes. De los demás competidores, se presenta la oportunidad de investigar, de conversar con los hinchas y las figuras representativas.

En las escuelas del mundo, la Copa brinda la posibilidad de disparar temas para las distintas materias. Es un error ignorarla, cuando los estudiantes le estarán dedicando muchísimas horas. Si el maestro que pide resolver un sistema de ecuaciones con incógnitas x e y, plantea un problema similar para definir los ganadores de un grupo, despertará la atención en vez de generar rechazo.

El profesor de geografía y el de historia tendrán servidos temas vinculados a tantos lugares. Los hinchas y las figuras en Rusia podrán contar sus costumbres, una curiosidad más atractiva que las versiones tradicionales.

Las posibilidades cada vez mayores de interacción permitirán enlazar a los jóvenes de distintos países y compartir las sensaciones, enterándose cómo se palpitan en los distintos puntos.

La enseñanza de idiomas tendrá una aceleración en la Copa, la lectura se fomentará queriendo saber más o descubriendo lo entretenido que puede ser un cuento vinculado al balón. La escritura tendrá gran abundancia de temas para desarrollar.

En los partidos también se podrán enfatizar los valores y debatir sobre trabajo en equipo, esfuerzo, respeto, honestidad, superación o solidaridad. El gesto de James Rodríguez tirando el balón afuera para que atendieran a un rival en los minutos decisivos entre Real Madrid y Bayern Munich da pie para el análisis que se lleva de la cancha a la vida.

Las dos últimas jornadas de la Eliminatoria Sudamericana causaron que millones practicaran Matemática como nunca lo habían hecho en la escuela. Sucedió en los seis países que buscaban el cupo, analizando todas las posibilidades para lograrlo. Esa motivación vale para la Copa del Mundo. El cálculo, la lógica y el pensamiento lateral se potencian en ese momento.

Durante un mes las escuelas podrán convertirse en estadios mundialistas y en cada una levantarán la Copa felices, porque habrán aprendido mucho más.

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