La segunda revolución de Simeone

Bryan Spira
Miércoles 12 de junio 2019

En el 2011 a Diego Pablo Simeone se le adelantó la navidad. El banquillo del Atlético de Madrid no era para cualquiera y a pesar de haber sido campeón con Estudiantes, el argentino podía ser considerado como uno de esos entrenadores apagafuegos por sus experiencias anteriores.

Simeone se retiró con Racing para asumir las riendas del equipo y salvarlos del descenso. En su primera experiencia europea con el Catania, también llegó para mantener al equipo en primera y lo logró.

Aquel 23 de diciembre del 2011, aunque la directiva y el mismo Simeone se mostraban ambiciosos, la realidad del Atleti no era para nada alentadora; Gregorio Manzano dejó al equipo en el 11vo lugar de la tabla y los más pesimistas ya comenzaban a especular con el regreso del equipo a la segunda división.

Para evitar lo peor, los colchoneros decidieron hacerse con los servicios de uno de los héroes de la afición gracias a su destacada labor en el doblete conseguido por el equipo en 1996 (Copa y Liga).

Simeone se puso su traje y corbata negra. La revolución había comenzado.

Tras media temporada de adaptación, a partir de su siguiente año el Atlético ha logrado clasificarse a todas las ediciones de la UEFA Champions League, quedando dos veces subcampeón.

Ha ganado 7 títulos: 4 europeos y 3 domésticos entre los que destaca aquella liga ante el Barcelona en el 2014, acabando con la hegemonía de catalanes y merengues. Simeone transformó la liga de dos en liga de tres.

A pesar de todos sus títulos, el mayor mérito de Simeone no ha sido colocarse siete medallas de campeón; el mayor mérito de Diego Pablo Simeone ha sido devolver la identidad a un equipo que parecía perdido desde la salida de Aragonés.

Simeone ha vencido a los fantasmas del pasado y ha colocado al Atlético de Madrid en el mapa futbolístico. Ya no se exige clasificar a una competición europeo sino ganarla. Simeone ha aportado el gen ganador a la directiva, jugadores y afición y una vez que se prueban las mieles del triunfo, no basta con jugar las competiciones, hay que ganarlas.

Simeone, que llegó con una revolución al Vicente Calderón, hoy debe crear otra, de distinta naturaleza pero misma esencia en el Wanda Metropolitano. Con las salidas de Juanfran, Godín, Griezmann, Lucas Hernández y Filipe Luis (seguramente), el Atleti y el Cholo se enfrentan a un reto mucho mayor que cuando llegó junto con su equipo de trabajo en el 2011. El conjunto colchonero está acostumbrado a ganar, la exigencia de cada temporada es mayor y con un mercado de fichajes altamente inflacionario, debe cerrar filas, apelar a la cantera y reforzar zonas puntuales del terreno de juego con contrataciones para crear nuevos ídolos y seguir peleando en lo más alto.

Aquel entrenador que pudo haber llegado a Madrid con la etiqueta de apagafuegos, hoy tiene el reto más importante de su carrera. Simeone deberá construir nombres con nuevos hombres y contratar sin equivocaciones, aprendiendo de caso de Gelson Martins, jugador que se incorporó al plantel la pasada temporada y que hace días declaró: “Mis características no se acoplan a lo que el equipo quería y Simeone no va a cambiar sus ideas por mí”.

El reto colchonero será digno de analizar con lupa durante la próxima temporada. La paciencia no parece ser una opción para la afición que este año se quedó con las ganas de celebrar la Champions en su estadio y que ve como de sopetón, sus estrellas se van.

Esta revolución, la segunda del Diego Simeone como entrenador del equipo, tendrá como objetivo imprimir en las nuevas generaciones el gen colchonero, ese que perdurará a pesar de que pasen los años y que hará que ningún jugador esté por encima de la institución; ese que proporcionará el ADN de lucha al escudo y que no necesitará de revoluciones en tiempos difíciles porque ya habrá una base bien cimentada.

En su primera etapa, esa que duró 7 años, el equipo comenzó a creer. Pensando en los años por venir, la segunda revolución de Simeone toma mayor importancia que la primera: Su filosofía debe quedar impregnada en el escudo y a pesar de que el ya no esté, los jugadores deben sentirla al ponerse la camisa a rayas roja y blanca.

Cholo, espero con ansias la próxima temporada, espero sin uñas y con la seguridad de que una vez más, metiéndote en el barro, reconstruirás sonrisas en una afición golpeada por años y que contigo logró vencer a sus fantasmas para poder pelear de tú a tú con los más grandes del continente.

COMENTARIOS