La proclama inicial del Tata

Daniel Chapela
Jueves 14 de febrero 2019

Gerardo Martino instaló el primer debate futbolístico desde su llegada a México, antes incluso de debutar en el banquillo del Tri. Afirmó el Tata que en la Liga MX, de donde se abastecerá parte del plantel con el que afrontará su proceso, hay una mayor cantidad de partidos competitivos de los que se pueden verse en ligas como la española o la inglesa. La aseveración escandalizó a algunos y puso a pensar al resto: sus argumentos, que desmontan ideas preconcebidas, como mínimo merecen ser analizados y discutidos.

Habló Martino de cómo en algunos torneos europeos la verdadera exigencia se remite al reducido grupo de equipos grandes que se reparten los campeonatos. Y no le falta razón. El medio mexicano ofrece mayor paridad, lo que no implica que la calidad sea mejor. La repartición del poder económico y deportivo está más equilibrada, con el consiguiente incremento en el número de exámenes de cierto nivel al que se somete el jugador.

El técnico restó así importancia a la dependencia del futbolista que actúa en contextos distintos al mexicano, al tiempo que valoró la competencia doméstica y el lugar que ésta ocupará en su consideración al momento de elegir. Nada que dé lugar al escándalo. Bien considerado, se trata del primer mensaje claro que emite el entrenador hacia la opinión pública: llamará a aquellos que, desde su mirada, encajen mejor en la idea que persigue. Jueguen donde jueguen.

Establece así Martino una brecha conceptual respecto a Juan Carlos Osorio, su antecesor en el cargo. Para el colombiano, Europa siempre fue la quimera, y en su discurso abogó por el éxodo del mayor número de mexicanos posible hacia el Viejo Continente. El Tata, en cambio, fija la mirada en el material que podrá observar día a día, aumentando de inmediato las expectativas de quienes estarán sometidos a su escrutinio en el tiempo que dure el ciclo.

Martino no ignora, como pudiera desprenderse desde una visión reduccionista, las diferencias estructurales entre el fútbol europeo, el mexicano o cualquier otro de nuestro continente. Puede presumir el argentino de haber dirigido en los dos escenarios y de tener bajo su mando a varios de los mejores futbolistas del mundo. También, desde su experiencia, entiende que esas distancias están más asociadas a las formas que al fondo.

Europa aporta valores asociados al ritmo de juego, métodos de entrenamiento y ejecución de modelos que enriquecen sus registros al jugador que llega. Nadie puede estar de espaldas a eso. El híperprofesionalismo demanda del futbolista otro tipo de respuestas y le acaba de sumar elementos útiles para la alta competencia. Pero no es la panacea, ni hace menos válidos a aquellos que se desempeñan en el ámbito local. Lo contrario: para Martino son la base de su trabajo, la materia prima sobre la que deberá construir su proyecto. De allí el mensaje, lanzado con plena intención, para sentar las bases filosóficas de lo que pretende fundar en México.

Los seleccionadores son esclavos de la dinámica económica que caracteriza al fútbol de hoy. Están limitados a convivir con sus dirigidos un puñado de días antes de cada partido o, con suerte, algunas semanas en la previa de un gran torneo. Encontrar automatismos y funcionamiento se convierte en una tarea que demanda tiempos diferentes a los del día a día.

Martino sabe que, como ocurrió en su paso por Paraguay, el núcleo de su éxito se fundamentará en ese grupo de jugadores a los que pueda transmitir sus ideas de una manera más directa y cercana. Tal vez allí, en ese universo muchas veces subvalorado por los reflectores del primer mundo futbolístico, esté el secreto del esquivo quinto partido mundialista que el Tata y su grupo de colaboradores intentará alcanzar.

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