La mala gestión condena al Barça

Bryan Spira
Lunes 14 de agosto 2017

1º de mayo del 2009. Eran las 10 de la noche en Barcelona cuando sonó el teléfono en la casa de los Messi. “Leo, soy Pep, tengo algo importante, muy importante. Ven. Ahora. Ya”.

Lionel Messi se alistó y se reunió con su entrenador en la Ciudad Deportiva Joan Gamper.

Guardiola, luego de enseñarle un video a su máxima estrella, le indicó: “Leo, mañana en Madrid vas a empezar en la banda, como siempre. Pero si te hago una indicación te vas a la espalda de los mediocentros y te mueves por esta zona que te acabo de enseñar. Es lo mismo que hicimos en septiembre pasado en Gijón. Leo, cuando Xavi o Andrés se salten la línea y te pasen el balón, te vas directo a portería, a por Casillas”.

Ese día, con Messi como falso 9, comenzó el dominio mundial del FC Barcelona, un equipo que al pararse en la cancha parecía invencible. Aquel plantel que, plagado de pequeñitos y talentosos mediocampistas, daban recitales de posesión y precisión.

Pasaron los años y las malas decisiones directivas terminaron con aquel idilio entre el Barcelona y el mundo futbolero.

Tras los problemas de salud de Tito Vilanova, comenzó la debacle blaugrana. A pesar de que el equipo mantiene su columna vertebral (Piqué, Busquets, Iniesta y Messi), los refuerzos no han sido los adecuados y su adaptación un tanto difícil por el año perdido en la “Filosofía Barça” con la llegada de Gerardo Martino.

Vueltas al campo para calentar indicaba el argentino a sus jugadores en la primera sesión de entrenamiento. Media vuelta bastó para que Xavi e Iniesta, los dos capitanes del equipo, se acercaran al entrenador para decirle: “Míster, aquí no se corre”.

Una frase que parece sencilla pero lapidaria. La directiva había contratado a un entrenador que iba en contra de la filosofía del club, no por no compartirla, sino por ser ajeno a esta.

Lo mismo pasa con la contratación de ciertos jugadores. Ni el Barcelona podía jugar sin entrenador, más allá de la gran cantidad de partidos que tenían estos futbolistas juntos (el interinato de Jordi Roura lo demostró), ni Messi vale por once. La gestión en las oficinas afecta directamente a lo que sucede en el terreno.

Turbulencias directivas coronaron la debacle del equipo que maravilló al mundo desde el 2009 hasta el 2013 y que parece haber sufrido un golpe muy fuerte con la salida de Neymar, aquel jugador que provocó la salida de Sandro Rosell y Andoni Zubizarreta por falta de transparencia a la hora de fichar al brasileño, y que también salpicó a Bartomeu, actual presidente, que se mantiene en el cargo pese a la acusaciones.

Neymar, hablando de Neymar, que mejor muestra que la del brasileño. La directiva se derrumbó cual castillo de naipes por su fichaje y parece haber quedado mal parada por su venta tanto en lo económico como en lo deportivo.

Los 222 millones parecen insuficientes por un jugador de su calidad cuando un año después de que el Dortmund compró al jovencísimo Dembélé por 15 millones de euros, ahora piden al conjunto blaugrana 120 MM; o cuando Coutinho salió del Inter rumbo al Liverpool por 10 MM, tasado luego, por sus buenas actuaciones en Anfield Road, entre 35 y 45 millones de euros, pero por el que se le piden al Barcelona cerca de 100 MM.

Más allá de lo que solicitan por jugadores con buen futuro pero lejos del presente de Neymar, está la contratación de Paulinho en el medio campo. Un jugador que al principio del verano, el conjunto dirigido hoy por Ernesto Valverde negoció su incorporación por 20 millones de euros a plazos; estos fueron rechazados desde China. Paulinho termina aterrizando en el Camp Nou a los 29 años por el doble, habiendo sido catalogado por la prestigiosa revista: “Four Four Two” como el peor jugador en la historia del Tottenham.

Teniendo en cuenta la mala gestión directiva, la debacle que se acrecentó con el fichaje de Neymar, parece haber acelerado aún más las cosas con su salida. Sin el brasileño, el Barcelona ante el Real Madrid en la Supercopa de España parecía un equipo desdibujado, que no conseguía posicionarse en el terreno de juego, aún en etapa de negación por haber perdido al brasileño; jugador que en más de una ocasión se puso al equipo al hombro durante la pasada temporada (incluido el 6-1 ante el PSG en el Camp Nou).

Con la temporada que apenas empieza, el Barcelona tiene un reto, aquel que tuvo el Real Madrid a principios de la década y razón por la cual contrataron a José Mourinho, acortar distancias con su máximo rival y tratar de hacerse con el protagonismo, nuevamente, del fútbol.

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