¿Fichar o no fichar? El ser o no ser del fútbol

Bryan Spira
Viernes 14 de junio 2019

PSG, Real Madrid, Barcelona, los dos equipos de Manchester, Juventus. Todos tienen en común, más allá de grandes aficiones alrededor del mundo, una poderosa chequera que más que poderosa, pareciera infinita; tal es esta sensación de recursos ilimitados, que la UEFA tuvo que poner en practica la ley del Juego Limpio Financiero donde los egresos no pueden exceder en cien millones de euros a los ingresos.

El mercado de fichajes se ha desvirtuado. Ousmane Dembélé que proveniente del Rennes costó 15 millones de euros al Borussia Dortmund, fue vendido al año siguiente al FC Barcelona por 125 millones. Ningún jugador, ni ganando todos los títulos colectivos e individuales de la temporada, puede revalorizar su precio en el mercado en 110 millones en menos de doce meses.

El mercado de fichajes se ha vuelto altamente inflacionario y a veces nos olvidamos que esto es un deporte. Ningún jugador está por encima del club al que representa y ningún club debería estar por encima del deporte.

En este tipo de épocas, donde cualquiera cuesta el precio que le quieran poner, no hay que olvidarnos que los equipos no se construyen a base de talonario y si de trabajo. Un equipo que fiche a 6 o más jugadores en cada mercado de fichajes, no denota una buena gestión sino todo lo contrario.

Cambiar constantemente de compañeros dificulta la comunicación y supone un trabajo por parte del entrenador para enseñarle a las nuevas incorporaciones el sistema y estilo de juego empleado por el equipo.

Ya decía Guardiola cuando llegó al Bayern Múnich, que enseñarle al grupo un nuevo modelo es como enseñarles un idioma nuevo, lleva tiempo.

El Real Madrid de las tres Champions seguidas repitió durante esas tres temporadas a 9 de 11 titulares en las finales. El Barcelona todopoderoso, con alguno que otro refuerzo, siempre salía con la misma columna vertebral partido tras partido y temporada tras temporada. Este año no fue la excepción; el Tottenham, que no fichó y solo sufrió la salida de Mousa Dembélé a China, mantuvo a los mismo jugadores con los que quedó en tercer lugar de la liga más competida del planeta y llegó a su primera final de Champions.

Viendo todos estos casos y analizando a los últimos campeones y su fluidez en el juego, la pregunta más importante que debe plantearse un equipo no es a cuántos jugadores fichó sino a cuantos titulares logró mantener en su plantilla.

Al final, el secreto está en facilitar las cosas. Enseñar “idiomas” nuevos a jugadores puede ser un reto interesante pero mantener la armonía en el vestuario, facilitar la comunicación y fortalecer la química dentro del terreno de juego será una fórmula mucho más exitosa que los golpes de chequera. Los grandes fichajes, en busca de generar grandes cambios a corto plazo, darán ilusión a la afición pero que supondrán comenzar de nuevo cada temporada.

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