Me emborraché con tres copas

Javier Castrilli
Martes 9 de julio 2019

En momentos que los ecos de la pasión resuenan ya como un recuerdo en la distancia y las empresas dedicadas a la limpieza de los estadios cumplen con sus tareas habituales luego de cada competencia, tanto en Francia como en Brasil y en los EE.UU. se comienza a desandar el camino del análisis y de la reflexión, lejos de todo el estrés y del vértigo que generó cada torneo.

En materia arbitral no hace falta mucho esfuerzo para concluir que, exclusiva y excluyentemente, ha sido el VAR por sobre, incluso, las últimas y revolucionarias modificaciones a las Reglas de Juego, el que se fue apoderando de los comentarios a medida que los juegos pasaban a ser historia.

La complejidad de los escenarios obliga a que cualquier lectura deba realizarse, en términos comparativos y teniendo en cuenta las categorías Confederaciones y Torneos, sobre los ejes Problemática Arbitral y Estrategias Dirigenciales porque a la luz de los resultados, tanto las coordinaciones y complementaciones entre los árbitros centrales y quienes estaban a cargo del VAR, como los criterios tácticos-estratégicos dirigenciales respecto a la visión del futuro inmediato y mediato difieren enormemente de un continente a otro, y su totalidad impactará gravemente en la práctica futura del fútbol regional y universal.

Así como todos los hechos son consecuencia de algo pero, a la vez, resultan causas desencadenantes de otros hechos, nada es producto de la casualidad en el fútbol y todo tiene su explicación. Aunque a veces resulte difícil percibirla a simple vista porque todos sus actores sufren condicionantes sociales, culturales, económicos, históricos y hasta políticos que cimientan en el imaginario colectivo un preanálisis, luego una preopinión para finalizar con un prejuicio.

Por eso observamos un desplazamiento de los factores auténticos que generan la duda, el temor, la sospecha y hasta la certeza imaginada, en este caso, hacia la tecnología. Por eso, detrás de cada decisión, voluntaria o inconscientemente, estos supuestos básicos subyacentes son determinantes no solo a la hora de juzgar aciertos y errores arbitrales, también lo son para los árbitros en el momento de la verdad y en la mente de quienes gobiernan el fútbol porque todos formamos parte del espectro futbolístico: simpatizantes, periodistas, árbitros, entrenadores, dirigentes, etc. En ese contexto debemos entender la latente desconfianza y sospecha, los temores más ocultos, como así también los actos despectivos y/o discriminatorios. Así el VAR, ergo, la tecnología, puede actuar a modo de disparador o catalizador, atenuando o agravando situaciones donde intervienen actores previamente influenciados por esos supuestos básicos subyacentes. Ningún análisis, entonces, puede ser tenido como serio sin contextualizar los hechos en tiempo y lugar interpretando acciones y omisiones.

Primer mundo: “El hombre es el lobo del hombre” (T. Hobbes)

En momentos que la lucha por los derechos de la mujer alcanza un modo global y se desgarra para lograr una visibilidad que haga impacto en los rincones donde más injusticia y crueldad le golpean, el aprovechamiento del fútbol como producto de consumo tan masivo y universal resulta un vehículo ideal para penetrar con su mensaje en los regímenes más impermeables, donde le resulta imposible a cualquier otra manifestación cultural. No obstante, sus dirigentes máximos programan una Copa del Mundo FIFA de Fútbol Femenino simultáneamente con las Copa Oro y América, coincidiendo en la mismas fechas sus principales partidos, eclipsando y neutralizando de esta forma sus mejores mensajes. El poder real de la FIFA pudo haberlo evitado interviniendo para que todo fuera distinto.

No conforme con esto, el VAR fue manejado por personal masculino emitiendo otra señal con una carga simbólica enormemente negativa, en detrimento de la imagen de la mujer subestimando su inteligencia. Como si solo el hombre pudiera estar capacitado para operar el sistema. Obviamente, el error de programación de un entrenamiento para tal fin fue el argumento visible. ¿Pagarán su culpa los responsables de tamaña imprevisión?

Miedo escénico

Mientras desde Francia se programaba durante años el mundial de fútbol femenino, en otro lugar del planeta, y también con mucho tiempo de antelación, se fueron alternando disputas de sedes, partidos, fechas, estadios, países, etc., etc., etc., dándole forma a la organización de una Copa Oro que, ya formando parte de la historia, bien puede ser catalogada como plenamente exitosa. Sin embargo, cuando prácticamente estaban por salir los equipos para disputar el partido inaugural (uno quiere llevarlo risueñamente al absurdo pero no faltó mucho para eso) se decide la no implementación del VAR. Una mezcla de falta de preparación de los árbitros para su operatoria con la ausencia de la infraestructura técnica adecuada por una cuestión de costos, privó al torneo más importante de la CONCACAF de contar con la experiencia necesaria de este sistema que asoma al mundo para quedarse. Un pequeño paso atrás para el fútbol de estas latitudes pero un enorme paso atrás para su futuro inmediato.

Mientras, en Europa desde hace tiempo se viene practicando y alcanzando niveles de producción muy exitosos. Árbitros y jugadores europeos ya conviven armoniosamente con su funcionamiento. Muchas veces los temores subyacen en las decisiones como en los olvidos. No existió partido donde alguien no haya imaginado qué hubiera pasado de haber estado funcionando el VAR. Es decir, a pesar de haber sido “olvidado”, el VAR estuvo presente en el pensamiento de protagonistas y público.

Límite de la corrupción o cómplice de ella

Tal vez el temor al escándalo por una pésima utilización y/o desempeños arbitrales también hayan existido en la programación de la Copa América, pero la dirigencia del fútbol sudamericano igual adoptó la decisión política de implementarlo. No faltará quien sostenga, “con el diario del lunes”. Claro, así les fue. Lo cierto es que, casi en su totalidad, el torneo estuvo atravesado por un combo de suspicacia, sospecha, oscuridad (a diferencia del Mundial Femenino, no se difundieron en tiempo real las imágenes observadas por los árbitros en los monitores), impericia, prepotencia e incertidumbre (durante todo el torneo jamás se supo en qué oportunidades se iba a acudir al VAR y en cuáles no). Demasiado, ¿no? Casi como para generar un impacto tal que ponga en peligro, incluso, la estabilidad institucional de varias asociaciones miembro de la Conmebol, porque los cuestionamientos fueron cambiando de destinatarios y desde la cabeza de los entrenadores viajaron hacia el manejo poco transparente de la problemática arbitral, poniendo como centro de discusión la capacidad de los responsables de velar por los intereses de las asociaciones, sus presidentes principalmente.

Cuando se convive a nivel doméstico con modelos de gestión acusados de corrupción estructural, cualquier combinación de impericia extrema por parte de los árbitros, incoordinación y desconocimiento de un sistema nuevo, conjuntamente a una poción importante de prepotencia del poder avasallando derechos, ocasiona el nacimiento de un sisma del cual solo se sabrá su real magnitud con el correr de los meses. Sobrevendrán sanciones, acusaciones cruzadas, peleas e insultos desmentidos, pujas y tironeos por espacios de poder en el seno de una confederación que se desangra en desencuentros luego del descabezamiento por corrupción de sus principales figuras y con un trasvasamiento generacional que no alcanza la gobernabilidad mínima e indispensable para la convivencia armoniosa.

Esencia del fútbol: cuántos crímenes en tu nombre!

El VAR debiera ser sinónimo de trasparencia, sin embargo muchos se encargan que no lo sea. Voluntaria o involuntariamente, la mano del hombre se cierne sobre su trabajo para un lado u otro de los objetivos que se persigan.

Sobre estos escenarios atravesados por todas las miserias humanas se ubica al VAR en el banquillo de los acusados. Acaso por ese motivo se entienda que a diario, tal como ocurriera poco más de dos mil años atrás con un ser extraordinario y como una mueca de la historia que replica formatos sin solución de continuidad, el VAR se vea sometido por el humano a votación popular prefiriendo su crusificción y muerte para salvar al ladrón.

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