El progresismo contradictorio de la FIFA

Nicolás Cantor
Jueves 22 de junio 2017

El estadio de fútbol en Latinoamérica es una representación de su sociedad. Lo que grita el hincha y su comportamiento es un reflejo de cómo es en la cotidianidad el latino. Esta manera de actuar, casi bestial, tiene una raíz que florece en su máxima expresión en la cancha. Es innegable que en una mayor parte de América Latina hay un problema de discriminación en contra de la homosexualidad (se le suma también el machismo). La FIFA se percató de esta idiosincrasia cultural cuando su oído progresista escuchó cánticos “discriminatorios” en los estadios de fútbol. Ahora el cuerpo gobernante del fútbol está metiendo la mano por el bien de la sociedad, lo cual es respetable, pero la solución no comienza en la cancha.

Lo que da paso al comportamiento de cancha es la normalización de la homofobia y el machismo en Latinoamérica y en muchas partes del mundo. ¿Por qué cuando uno es llamado “maricón”, se interpreta como insulto? Porque esa palabra aporta con ella asociaciones a lo afeminado, a lo delicado y a lo débil. Y el molde común del hombre es completamente lo opuesto. El hombre debe ser fuerte, tanto física como emocionalmente. Por eso llorar (como lo ha hecho Cristiano Ronaldo a lo largo de pesadas derrotas) es de maricas. En partes más en el sur del continente también hay términos usados para aislar aquel que no conforma a una situación, como cuando un árbitro que dirige mal. “¡Qué p*to que sos!” se podría oír en la cancha cuando el hincha se dirige al juez central. La orientación sexual no debería ser una herramienta para insultar. Ya que la homosexualidad no es ampliamente aceptada, el que lo es vive un ostracismo social por su manera de ser. En Latinoamérica, el hombre no puede ser afeminado porque el molde común de la mujer es débil y delicada, entonces si el hombre se comporta como tal es un insulto al género propio.

Esto es una parte de la cultura latinoamericana que para alguien con una mentalidad progresista le parecería discriminatorio. Y aquel que quiera cambiar una idiosincrasia cultural casi irreversible, tendrá que excavar profundamente por debajo de las normas sociales y romper los confines populares de lo aceptado. En las grandes metrópolis de los Estados Unidos, por ejemplo, se ha creado un movimiento de aceptación, promoviendo derechos parejos entre todo tipo de personas. Pero lo que le ha dado pie a esto son los mensajes progresistas que vienen desde lo más alto dentro del sistema político y social que se desparraman a las grandes ciudades donde esta expresión libre de ser, es considerablemente tan bien aceptada que ahora se considera normal.

Las posibles sanciones que recibirá México por el cántico que acompaña el saque de portería del arquero rival, se ha convertido en un tema polémico ya que sus consecuencias pueden ser drásticas. Chile lo vivió cuando fue desplazado del Estadio Nacional de Santiago en la eliminatoria porque su afición coreó una de esas canciones de cancha genérica que a la gente le hace pasar un agradable momento, tanto como el grito mexicano que se escucha cuando el portero reanuda el juego. El origen de lo que la FIFA está tratando de corregir va más allá de lo que ocurre dentro del espectáculo deportivo.

En la cancha de fútbol están algunas malas hierbas de la sociedad. Con vetos y sanciones, la FIFA recorta esta hierba. Pero siempre y cuando no se elimine de la raíz, crecerá. Y la raíz está bien metida en el fundamento social latinoamericano. Si a la FIFA tanto le importa la igualdad de los grupos minoritarios que diariamente son discriminados como los homosexuales y las mujeres, lo consultaría directamente con los países anfitriones de sus eventos como Rusia y Qatar, donde en el día a día acosan y oprimen a las mujeres y homosexuales. Eso sí sería una verdadera muestra de que el máximo gobierno del fútbol respalda los derechos de cualquier grupo perjudicado. La FIFA ejerce su ‘progresismo’ cuando le conviene.

COMENTARIOS