El problema de Argentina no es Messi

Bryan Spira
Jueves 20 de junio 2019

Cada vez que comienza una copa internacional, las expectativas en Argentina son las mismas. Tener a uno de los dos mejores jugadores del mundo (según sea tu gusto), coloca a la selección albiceleste siempre como favorita.

Comienza el torneo y la etiqueta de favorito se va cayendo con el pasar de los minutos del primer partido. Terminan los primeros 90′ y comienzan las críticas. El gran señalado: Messi.

El 10 de argentina, ese que ha levantado un sextete y un triplete con el Barcelona, es el centro de atención, los dardos envenenados apuntan a él.

Ante cada derrota, se leen en las redes sociales y se escuchan en los medios de comunicación que Messi no tiene la personalidad como para levantar el juego de Argentina.

Tantas críticas y tantos análisis que solo ven un árbol, pero ignoran al bosque por completo. Se alimenta la polémica dejando de lado al problema.

El fútbol es un juego de momentos y las comparaciones solo alimentan el banal debate. Basta hacer un breve análisis del juego de Messi con el Barcelona y otro con Messi en Argentina, para darse cuenta que más allá de los nombres, en España siempre tiene acompañamiento mientras que en su selección se pretende ganar solo con él.

Cuando se retiró de la selección por un tiempo prudencial, el mundial estuvo en peligro ¿En peligro por él? Absolutamente no. Messi regresó y aportó su fútbol para meter a Argentina en la Copa del Mundo de Rusia pero culpar a Messi por el fracaso argentino es ser muy conformista o no querer ver.

9 entrenadores ha tenido en la selección mientras que en el Barça — si contamos el interinato obligado de Jordi Roura por el fallecimiento de Tito Villanova — ha tenido siete.

¿Cómo explicar que en la selección, donde generalmente se tienen procesos largos para darle continuidad a los proyectos, Messi haya tenido más entrenadores que en su club?

Messi quizás no alcanza su mejor nivel en la selección Argentina pero más allá de los nombres, revisemos el acompañamiento que tiene dentro de la cancha, la capacidad de sus compañeros de ubicar el espacio para ser opción de pase y también el constante cambio de entrenadores que llegan al banquillo y pretenden, en poco tiempo y entrenamientos limitados, dar una nueva idea de juego al equipo. Línea de 3 con uno, otro línea de 5; llega uno nuevo y cambia a línea de 4. Vuelven a cambiar y ahora Argentina juega a la contra; tras perder la paciencia, la AFA vuelve a cambiar de seleccionador y el que llega prioriza el juego directo. Cambios, cambios y más cambios.

El problema de Argentina no es Messi, el problema de Argentina es la dirigencia de la AFA que ante la adversidad, no cree en el trabajo sino en la improvisación.

Cuando se cambia de entrenador, no solo hay que ver el nombre sino su filosofía. Modificar constantemente el estilo, más allá de tener a uno de los mejores jugadores de la historia, no otorgará fluidez al equipo, sino todo lo contrario. Un proyecto que no fortalezca las bases y no fomente la identidad, estará condenado al fracaso.

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