El periodismo que nos deja la pandemia

Daniel Chapela
Sábado 4 de abril 2020

La crisis generada por el coronavirus provocó una revulsión en el periodismo deportivo. El día a día dejó de vivir a la sombra del resultado, de la previa o del post partido, y se acercó más al protagonista. Renacieron géneros poco usados o de publicación exclusiva en medios alternativos. La mirada se hizo más cercana. Acaso también más humana.

La tragedia y el miedo nos igualó a todos. De pronto el virus y el confinamiento nos pasaron una tabla rasa en la que no hay jerarquías. Comunicadores y actores del espectáculo de masas comenzaron a mirarse a los ojos. Como en un Gran Hermano global. Todos juntos en el mismo espacio.

Testimonios más humanos. La descomprensión que da la informalidad de desempeñar un rol que ata como un corsé. La tecnología al servicio de la audiencia como nunca. Jugadores que hablan desde las salas de sus casas entre gritos de niños y el ronroneo de un gato. Comparten sus temores, sus risas, sus espacios de reflexión. Y el periodismo recupera su razón de ser.

Los medios han tenido que reinventarse. Se arman debates desde los hogares y las páginas de los diarios se nutren de historias que sensibilizan y hacen más directa la conexión. Las barreras se desvanecen. El camino es diáfano, sin filtros ni imposturas.  Vivimos una refundación en tiempo real, como si la pandemia nos hubiese empujado a reconectar con valores extraviados en la vorágine de lo inmediato. Bendito milagro.

Es cierto que el ritmo es otro. Para todos. El atleta consume sus horas en casa, fuera de la rutina que le ha marcado la vida. Todos están disponibles, relajados, con disposición a sentarse a charlar en un Instagram Live con la barba por hacer. El público agradece este festín informativo que suaviza la cuarentena. Y el periodista vuelve a sentir el fuego sagrado de sentirse vínculo.

Predecir la post pandemia es un camino sinuoso. Asumimos, sin mayor fundamento, que la sociedad y el ser humano no serán los mismos tras esta coyuntura sin precedentes. Una sensación que convive con el deseo perenne de que todo vuelva a la normalidad. O como quiera que se llame lo que teníamos antes.

Sí podemos afirmar que esta crisis nos está dejando un mejor periodismo. Que nos sacó del letargo que la rutina informativa, marcada por quienes inundan los calendarios de eventos y partidos, impone. El rol que desempeñamos se cargó de sentido y seguimos descubriéndonos, enlazando la actualidad con las semblanzas para producir contenidos profundos y llenos de contexto. Nada que represente una novedad en el oficio, pero sí una ventana de reflexión. El virus nos puso un freno y no para estrellarnos contra un muro. Lo contrario: la pausa nos deja ver el paisaje y contarlo puede resultar una experiencia transformadora.

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