¿El fútbol es lo más importante entre lo menos importante?

Bryan Spira
Sábado 7 de abril 2018

“El fútbol es lo más importante entre las cosas menos importantes”, dice Jorge Valdano, campeón del mundo con Argentina en 1986.

Un deporte que fue capaz -con Didier Drogba como interlocutor-, de generar una tregua en la guerra civil Costa de Marfil; de unir al pueblo venezolano durante la Copa América del 2011 tras una polarización política que creó roces difíciles de superar; o las celebraciones de 9 millones de holandeses en las calles (60% de la población de ese momento) cuando su selección venció a Alemania en Hamburgo durante una noche de verano de 1988 por 2 a 1, con Rinus Michels acuñando la frase “el fútbol es la guerra”.

Millones de aficionados alzaban sus bicicletas entre risas y tulipanes, recordando que durante la ocupación, los nazis confiscaron todas las bicicletas de ese país.

No solo es deporte, no solo es política; es pasión. Pasión entendida como uno de los motores más potentes en la sociedad, y que permite crear un lazo emocional prácticamente indestructible entre el equipo y el aficionado.

Uno de los primeros equipos en entender esto fue el Real Madrid. El conjunto más ganador de Europa no pasaba por un buen momento deportivo y decidió dar un golpe sobre la mesa fichando a David Beckham.

El mediocampista inglés no dio un gran rendimiento dentro de la cancha, pero sí creó vínculos emocionales con la afición ya cautiva, además de atraer a un nuevo grupo de fanáticos.

Florentino Pérez desembolsó 36 millones de euros para hacerse con sus servicios, y el jugador inglés dejó en sus cuatro años en la capital española unos ingresos de 440 millones de euros, según declaraciones de José Ángel Sánchez, director de márketing del equipo en esos años.

Un jugador con un precio elevado para el momento, pero que representó un 60% de aumento en la venta de merchandising a partir de su segundo año en el club, y un 137% en los ingresos por patrocinadores.

¿Es tan poco importante el fútbol?

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