La clave del éxito

Bryan Spira
Lunes 12 de junio 2017

“Somos de talla mundial”, así partía la selección venezolana hacia su aventura coreana, la más prolífera de su corta historia futbolera. Aquella selección que era despreciada por algunos sectores de los países a los que se enfrentaba, comenzaba a torcer la historia, desde lo mental, hacia finales del siglo pasado, primero con Rafa Santana y luego con José Omar Pastoriza.

Al cambio de mentalidad, llegó el juego: Richard Páez elevó el nivel del equipo que viste de vinotinto y los colocó en el mapa.

Salvo algún tropiezo, Venezuela ha experimentado mejoras en sus distintos procesos, avanzando de fases en las distintas ediciones de la Copa América y logrando clasificarse a los mundiales de categorías inferiores.

Parece un sueño sacado de alguna de las historias más rebuscadas, que la Cenicienta de Sudamérica despertará, y casi sin esperar, se despojará del yugo de sus rivales para provocar respeto, para gritarle al mundo que en Venezuela ya no se celebraban derrotas sino victorias, como aquella clasificación al Mundial sub 20 de Egipto 2009; la sensación de haber sido mejores y no poder llegar a la final de la Copa América 2011, y por último, saltando otra serie de éxitos para no hacer de estas líneas un repaso histórico exhaustivo, la final de la Copa del Mundo Sub 20 de Corea.

Dice Ferrán Soriano, actual director ejecutivo del Manchester City, que el compromiso, el equilibrio y el talento son las claves del éxito. Me tomaré el atrevimiento de exponer estos puntos, extrapolándolos a la situación que atraviesa el deporte en el país norteño del sur del continente americano.

El talento, ante una evidente falla en las estructuras del fútbol venezolano, está, no solo con grandes individualidades, sino en lo colectivo, con un puñado de jugadores que desde hace un tiempo gozan con la confianza de sus entrenadores en primera división y algunos hasta despuntando en el exterior.

En cuanto al equilibrio, existe un camino de doble vía entre el factor emocional y el funcional. El emocional está rara vez ausente en un equipo de fútbol, mientras que el funcional, con Rafael Dudamel a la cabeza, cala en cada jugador. Todos saben qué hacer para demostrarle al mundo que son de talla mundial.

Compromiso, que según Soriano se define como: “Las ganas intrínsecas de ganar”. Sin lugar a dudas la selección venezolana las tiene. La Federación no.

¿Cómo explicar al mundo que con un fallo en las estructuras, en las bases, se alcanzan éxitos deportivos? Éxitos deportivos porque a principios del milenio, en un café caraqueño, se escuchaba al barista decirle a aquel señor de traje y recién rasurado, con una sonrisa en el rostro: “Ya los brasileros no pueden con nosotros”, celebrando el caño de Arango a Ronaldinho pese a la derrota, o los dos goles de Ruberth Morán ante Dida, para adornar el marcador en Maracaibo (2-5).

Gracias al desempeño demostrado por el talento, el equilibrio y el compromiso de las generaciones de jugadores y entrenadores que ha tenido ‘La Vinotinto’, las circunstancias le han colocado un listón muy alto a la Federación Venezolana de Fútbol, que debe, necesariamente, estar a la altura. Ir de la mano de los que defienden su escudo y lo enaltecen en la cancha, realizando un verdadero trabajo en las bases. Fortaleciendo las estructuras para que los resultados conseguidos por los distintos actores que pasaron, y los que ahora están vistiendo la camiseta que une a los venezolanos en tiempos convulsos, no sean anecdóticos.

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