Ehhhhhhhhhhh… VAR…!!!!!!!!!!!!!!!!

Javier Castrilli
Jueves 22 de junio 2017

Debo reconocer que la siguiente intención de analizar el VAR y sus consecuencias se produce inmediatamente después de haber visto las imágenes de los últimos minutos del partido que, por la Copa FIFA Confederaciones 2017, disputaron las selecciones nacionales de México y Nueva Zelanda. Es decir, no puedo dejar de dibujar una mueca mezcla de hilaridad por un lado y de preocupación por el otro. Lo realizado por el gambiano Gassama rozó tanto lo grotesco, que únicamente puede ser “digerido” si se lo toma con humor.

En consecuencia, el producido arbitral hasta el momento pasa a ser definitivamente patético, con o sin intervención del VAR. Si de esta forma piensa la FIFA que se deberá desarrollar la próxima Copa del Mundo, estamos en verdaderos problemas.
Por lo demostrado hasta la fecha la Copa Confederaciones rusa tendrá como protagonista exclusivo y excluyente al VAR, quedando grabada en la historia, aún con mayor vigor, que el propio nombre de la futura selección campeona.

Vivimos tiempos de cambio. Lo sentimos. El adelanto tecnológico al servicio de las imágenes televisivas se adentraron en las entrañas del fútbol desde la década de los 90. Nos muestran cada vez más y mejor la intimidad, la “cocina” del fútbol. Allá, donde hasta no hace mucho tiempo atrás solo ingresaban unos pocos videntes de la realidad, hoy llega el ojo de la tecnología para difundir en tiempo real los errores y horrores, los gestos, los silencios, las palabras silentes dibujadas por labios apurados y aquellas expresadas con estruendo. Vivimos en el dormitorio de cada partido respirando la intimidad de sus gemidos más inconfesable, mientras quien debe constituirse en el garante del cumplimiento normativo continúa con herramientas centenarias.

Les fueron incorporadas algunas otras, es cierto. Pero aún así sentimos la incapacidad de brindarnos esa previsibilidad que requiere la seguridad jurídica en el mundo lúdico. Se reparten injusticias traducidas en aumento en los niveles de irritabilidad que ocasionan la impotencia de lo irreparable. Las omisiones por parte de los árbitros generan ventajas deportivas injustas que derivan en desarrollos y resultados distintos de los que debieran suceder. Los afectos invertidos adquieren, cada vez más, formas de violencia real y simbólica (todo tipo de expresión discriminatoria, incluida la homofóbica).

En los torneos internacionales esa deficiencia alcanzó a eclipsar las palabras vertidas por el entonces presidente de la FIFA, Joseph Blatter, en el sentido de que la tecnología jamás habría de intervenir en el fútbol. Días más tarde, durante la misma Copa del Mundo celebrada en Sudáfrica, en rueda de prensa debió pedir disculpas a las representaciones de México e Inglaterra por los injustos fallos arbitrales que las dejaron fuera del torneo y, una vez finalizado el mismo, se comenzó a desandar un camino donde la primera estación fue el desembarco del DAG (Detección Automática de Goles) en el siguiente Mundial (Brasil 2014)

El progreso no entiende de ética, de moral o sentimientos. No tiene retorno. Inútil ponerse en contra. Su fuerza arrolladora en el fútbol utiliza como arma letal la más absoluta imposibilidad de censurar las mismas imágenes que necesita difundir. La fuerza de sentimientos que el fútbol despierta en el Universo, retroalimenta esa necesidad.

Son tiempos de cambios totales, absolutos. El elevado índice de falibilidad del ser humano a cargo de brindar un marco de garantía en el cumplimiento normativo, comprobado acabadamente por el efecto TV, ha sumergido al paradigma arbitral imperante en una profunda crisis. Acaso como adhiriendo a la Teoría de los Paradigmas acuñada por el físico, historiador y filósofo estadounidense Tomas Khun durante la década de los años 60, esa crisis solo puede ser resuelta con la aparición de un nuevo paradigma arbitral que eche por tierra al anterior y resuelva los problemas, donde tal vez la intervención de la persona vaya perdiendo gradualmente la importancia de su intervención a punto tal de verse convertida en un SIMPLE EJECUTOR DE DECISIONES REMOTAS.

Mientras algunos sostengamos que con el fútbol se educa y constituye un vehículo transmisor de valores que debe ser aprovechado para construir comportamientos de convivencia democrática, donde exista respeto por quien piensa y siente diferente en un espacio y un tiempo; y que no puede continuar emitiendo señales de impunidad donde nuestros hijos y nietos internalicen cómo se obtiene un objetivo fuera de la ley y con la complicidad de la justicia, resultando un verdadero modelo de corrupción que otorgará al beneficiario éxito, poder, fama y dinero; otros seguirán interpretándolo como un simple juego de entretenimiento y control social donde prevalece el sentido del espectáculo y la diversión de los pueblos.

En este sentido, considero que la sensación de injusticia supina que genera un error arbitral grave, que cuesta una clasificación o designa simplemente quién gana o pierde, es motivo suficiente para evitar las consecuencias graves que en todo el mundo están generando por la violencia que ocasionan. Ningún brasilero habrá aceptado sin estupor la mano del peruano Raúl Ruidíaz dejando a Brasil fuera de la Copa América en el 2016 ante la desesperación del uruguayo Cunha para que la televisión le acercara información. Muchos mexicanos hubieran deseado el VAR cuando en el Mundial celebrado en Sudáfrica, Tévez convirtió el gol en escandalosa posición adelantada dejándolos eliminados en octavos de final. La previsibilidad transmite seguridad y confianza.

No obstante, existe otra mirada. Esa “seguridad jurídica” sería el salvoconducto necesario para que los capitales convergentes en el fútbol moderno, que fueron aumentando en una relación directamente proporcional al desarrollo de la TV, no fueran disminuyendo como consecuencia de la pérdida de la credibilidad del sistema todo, cimentada por el todavía inconcluso escándalo de corrupción que compromete las entrañas de la propia entidad madre. Una FIFA que siente su debilitada credibilidad y respeto cuando “exige” algo tan obvio como es el cese de manifestaciones homofóbicas y recibe como respuesta nuevas expresiones desafiantes, luego de haber “indultado” a Lionel Messi en decisiones tan serpenteantes como opacas que en nada contribuyeron a una imagen de transparencia tan necesaria para estos tiempos.

Ninguna empresa multinacional vería con agrado cómo su nombre se encuentra asociado a una institución corrupta, nada creíble, que no vela por la transparencia y que no garantiza esa “seguridad jurídica”. Sus cada vez más frondosas inversiones puestas en riesgo por la “ocurrencia” o impericia de un humano con una tan simple y centenaria herramienta: el silbato. Miles de millones de euros girando en derredor de esta disciplina deportiva en manos del libre albedrío de un gambiano como Bakary Gassama, por ejemplo, viéndolo dirigir México 2 – 1 Nueva Zelanda…

Frente a este panorama quienes amamos al fútbol, más allá de cualquier especulación de carácter material, invertimos tiempo y actividades postergadas construyendo en las redes sociales un par antagónico que no admite términos medios: justicia o esencia. Se pierde la frescura y la pasión alimentada por las imperfecciones y errores o se consagra la impunidad. Sin contar con la posibilidad de ser atendidas en la hora de la toma de decisiones, esas posturas quedarán como simple expresión de un deseo.

Tal vez el futuro del deporte más querido sufra el derrotero de enorme cantidad de hitos que fueron fundamentados por razones que nada tuvieron que ver con la realidad y que subyacen enmascarados por argumentos, a veces poco o nada creíbles. Los creamos o no. Los aceptemos o no.

Mientras Gianni Infantino siga considerando que la implementación de la tecnología ha sido un verdadero éxito, como lo sostuvo hace horas, nosotros debiéramos manifestarnos desde las redes sociales contestándole: “Ehhhhhhhhhhh….. VAR….!!!!!!!!!!!!!!!”

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