Cuenta regresiva

Jaime Gallardo
Viernes 18 de mayo 2018

El Mundial de Rusia está a la vuelta de la esquina o incluso más cerca. Los 32 equipos participantes depuran la fase final de su preparación, algunos entrenadores aún “desojan la margarita” para presentar su lista final, otros más echados para adelante ya dieron a conocer el nombre de los 23 jugadores con los que se la van jugar en la justa mundialista de la tierra de los zares. Al tiempo que definen estrategias, plantean escenarios, estudian posibilidades de variantes, encienden veladoras, sacan rosarios, objetos de veneración o cábala para que ayuden en la plegaria para que ninguno de sus futbolistas se lesione o tenga algún inconveniente que le impida integrarse a su selección.

Esta misma semana algunos estrategas ya empezaron a poner sus cartas sobre la mesa conforme se fueron dando a conocer los listados premundialistas.

Sin conocer a detalle cómo han sido los meses previos al arranque del Mundial ruso de todos los contendientes, sí se puede afirmar que el caso de la Selección Mexicana es muy peculiar.

Juan Carlos Osorio no cuenta con mucha popularidad entre la afición mexicana, aclarando que no es una animadversión de carácter personal contra el colombiano, sino a su metodología de trabajo.

La gente no se identifica con su selección, porque no sabe a lo que juega, no tiene un estilo definido ni un cuadro base habiendo un marcado escepticismo sobre el futuro que pueda tener el Tri en la Copa del Mundo. El rechazo a las rotaciones es generalizado y las explicaciones que al respecto da Juan Carlos Osorio requieren de una “traducción” para que con un lenguaje más simple se puedan medianamente comprender.

A menos de un mes del debut ante Alemania, a Osorio no le interesa convencer a nadie y los aficionados ya se resignaron a no entenderlas.

Juan Carlos es un tipo culto. Su amplio dominio del lenguaje lo utiliza a su favor cuando se trata de explicar lo inexplicable. Sabe por qué es objeto de feroces críticas que a estas alturas ya de plano se le “resbalan”. Desde hace varios veces Osorio definió con quienes se la va a jugar en la que será la apuesta más importante de su carrera.

No hay que dudar que desayuna, come y cena analizando a Alemania, Corea del Sur y Suecia.

El colombiano es en extremo escrupuloso, cuida hasta el más mínimo detalle sin dejar nada al azar, obsesivo a más no poder en su trabajo echa mano de todo lo que le pueda aportar algo positivo, por mínimo que sea, para ayudar a su equipo.

Cuando Juan Carlos Osorio recibió la oferta formal para hacerse cargo de la Selección Mexicana a la salida de Miguel Herrera, la aceptó porque sabe lo importante que es para un Director Técnico dirigir en un Mundial y que una oportunidad así difícilmente se le podría volver a presentar. Pero no solo prepara al Tricolor de la mejor manera posible, además de lo convencional, incorporó a Imanol Iabrrondo para apoyar al plantel en el coaching deportivo y por supuesto el plan de acompañamiento siendo Jurgen Damm quién más lo utilizó. Pero en lo personal, con el afán de aprender también hace por su causa. En los últimos meses se reunió con Alex Ferguson, Louis Van Gaal, David Moyes, y recientemente estuvo en Sudamérica en donde se reunió con el Maestro Oscar Washington Tabárez, Ariel Holan y Diego Milito. Este tour le valió algunas críticas ya que Osorio no estuvo presente en la mayoría de los partidos de la Liguilla. No había necesidad, pues el entrenador colombiano ya tenía perfectamente definidos a los jugadores con los que integrará el equipo que participará en el Mundial.

En la conferencia de prensa en la que dio a conocer la lista de 28 convocados, Osorio fue cuestionado sobre el objetivo de sus viajes y la respuesta fue tan encriptada como en la que explicó el no llamado de Rodolfo Pizarro. Habló del “cerebro reptiliano” como si la reunión con el entrenador charrúa hubiera sido en Jurasic Park. Sería un buen consejo ya ni siquiera intentar entender los procedimientos, metodología, usos y costumbres de la manera de trabajar de Juan Carlos Osorio.

El entrenador del representativo mexicano siempre da la impresión de que tiene todo controlado y previsto, pero su permanente dolor de cabeza son las lesiones que invariablemente se han presentado en todas las convocatorias, con la diferencia de que esta vez el compromiso que se avecina no es un partido “molero” sino que ni más ni menos que un Mundial.

Un panorama que no es proclive para incitar al optimismo sobre el desempeño del Tricolor en el Mundial le da la ventaja a Osorio pues lo que logre será ganancia para él

Ahora que si la pega, el tipo se va a ir “a los cuernos de la luna”, pudiendo quedar con un innovador en el fútbol el orbe y su Plan de Acompañamiento será inseparable; las rotaciones también se revaluarán.

En esa apuesta Osorio también corre el riesgo de hacer el ridículo, por ello reiteramos que el director técnico está en el umbral de cumplir con su anhelado sueño de dirigir un Mundial, pero entendiendo bien que el riesgo de un posible fracaso es colosal, se amplió.

“Solamente los guajolotes se mueren las víspera”. Los partidos hay que jugarlos.

Ojalá que le vaya bien. En su momento y será el tiempo quién habrá de poner a cada quien en su lugar.

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