Arsène Wenger: Genio incomprendido

Bryan Spira
Viernes 20 de abril 2018

“¡EXTRA, EXTRA, EXTRA! Arsenal Campeón de la Premier League”. Ayer se vendían periódicos con Wenger en su portada. El francés no había perdido ni un solo partido y arrasó en el torneo doméstico. Hoy, las redes sociales se inundan con muestras de afecto; Arséne Wenger dijo adiós tras 22 años al frente del conjunto londinense.

Nombrado como entrenador del Arsenal el 1 de octubre de 1996, Wenger no solo ganó la liga 2003/04 invicto, sino que revolucionó la manera de plantear el fútbol profesional en Inglaterra.

Estrictas dietas para sus jugadores y un juego ofensivo basado en la posesión fueron algunas de las medidas tomadas por el economista francés.

Para Wenger, su puesto como director técnico no se limitaba únicamente a entrenar y dirigir. Arséne era un gerente que potenciaba sus habilidades al frente de un equipo humano que tenía que demostrar semana a semana el trabajo realizado en un complejo examen: el partido.

El fútbol es una profesión peculiar. Cada domingo, luego de completar las tareas planteadas por el entrenador, debes someterte a un examen frente a cámaras, periodistas y aficionados, que juzgan tu accionar y lo califican como “positivo” o “negativo”.

Como gestor de un grupo humano, Wenger mantuvo al Arsenal en la élite del balompié mundial durante poco más de dos décadas, pero su protagonismo se fue diluyendo con los años. Cambió la manera de ver el negocio; promedió casi un título al año y generó plusvalías impensadas para jugadores desconocidos que brillaron al tener la atención mundial puesta sobre sus hombros.

Nicolás Anelka, que llegó a Londres por 750.000 euros, se marchó al Real Madrid por 35 millones de euros (46 veces más de lo que el Arsenal pagó por él). Con Fábregas pasó algo similar. El español dejó una ganancia de 30.8 millones de euros, y ejemplos como estos sobran.

¿El gran punto débil de Wenger? No haber descubierto grandes talentos durante las últimas temporadas. No poder dominar con su juego de posesión a sus rivales directos y sin títulos de Premier League desde el 2004.

Llegó como revolucionario a Inglaterra y se marcha víctima de su sistema. Así se despide el gran genio incomprendido del fútbol.

COMENTARIOS