Agüeros para 2018

Edgardo Broner
Lunes 13 de noviembre 2017

Cada 31 de diciembre afloran las tradiciones, como comerse las 12 uvas, las lentejas, pasear una maleta o usar algo amarillo. Se llaman también agüeros, presagios para atraer la fortuna, la felicidad o diferentes deseos. Argentina tiene uno para 2018.

Casi no quedan fechas para ensayos antes del Mundial. Tras los amistosos de estos días, el calendario ofrece solo uno o dos partidos en marzo, previos a la concentración final. Los jugadores que pelean por un lugar contarán con unos minutos para mostrarse, mientras los técnicos apenas podrán experimentar.

Sergio Agüero dio señales convincentes en el estadio Luzhniki, de Moscú, donde se jugará la anhelada final el 15 de julio. La Selección Argentina arrastra una alarmante falta de gol y los escasos festejos provenían de Messi o de algún volante o defensor. El ocasional centrodelantero no aparecía, en un desfile de seis postulantes recientes.

La titularidad de Gonzalo Higuaín estaba cuestionada por los goles perdidos en partidos decisivos, aunque marcó un récord como máximo artillero en Italia. Edgardo Bauza probó con Lucas Pratto, querido por los hinchas, impacientes con el delantero de Juventus.

Jorge Sampaoli puso a Higuaín en espera y le dio prioridad al postergado Mauro Icardi. Anduvo mal dentro del pobre juego del equipo, amenazado por la eliminación. Participó poco y falló las pocas ocasiones que tuvo. El siguiente turno fue para Darío Benedetto, efectivo en Boca, con incertidumbre ante la prueba en el nivel más alto. Tampoco definió bien tres oportunidades ante Perú. Ese día le iba a tocar a Agüero, impedido por su accidente en Holanda.

El goleador histórico del Manchester City encontró un entorno fascinante en Moscú, pasado el susto clasificatorio. Superó a sus antecesores, no solo por el gol al final. Se movió bien, generó oportunidades por sí mismo y conectó otras, frustradas por las buenas respuestas del arquero.

Messi volvió a tener un socio, que entendió sus movimientos para sus pases fantásticos y para devolverle la pelota, al punto que el 10 casi convierte un golazo tras una asistencia del Kun. En un once donde se destacó Otamendi, Sampaoli mantuvo la línea probando piezas como Matías Kraneviter, capaz de darle al medio mayor peso que Biglia o Banega. Y al final incluyó a Cristian Pavón, que rescató la vieja maniobra del desborde y centro atrás, levantando la cabeza como hace poco no lo hacía, ayudando al único festejo.

“Agüeeeeeeeeeeero, Agüeeeeeeeeeero”, se cantaba en Independiente cuando el muchacho que se fue a los 17 era la figura del campeonato. Quedó como ídolo del club, con goles inolvidables al clásico rival, explosivo, de gran habilidad, aguerrido, gran definidor anticipándose a las jugadas, y potente. Su venta al Atlético de Madrid dejó dinero para un nuevo estadio. Lo amaban los colchoneros hasta que los abandonó y se rompió el romance.

En Inglaterra le cambiaron el físico. Aumentó la masa muscular y perdió algo de esa habilidad fina en aras de la potencia. Las lesiones fueron frecuentes y no pudo aprovechar la gran oportunidad de Brasil 2014. Como no convirtió en los Mundiales, hay una creencia de que no hace goles con la Albiceleste, pero ya es su tercer máximo anotador de la historia, con 35.

Cumplirá 30 años en Moscú, tiempos de madurez junto a Messi, con quien compartió un título mundial juvenil y el oro olímpico. Sampaoli, en Chile, jugó muchos partidos con un falso 9, como Valdivia. Lo probó en Argentina con Joaquín Correa. Ahora tiene un 9 verdadero y un muy buen agüero.

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