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DIEGO Y SU IMAGEN

Cuando Diego Maradona aceptó ser el técnico de la selección argentina uno de los planteos más angustiantes que nos hicimos muchos fue si no exponía su condición de mito, de ícono intocable para los argentinos en caso de fracasar.

El fracaso llegó y sólo comprobó que Diego  estuvo verde para un cargo tan importante, reafirmando otra de las teorías que no necesariamente quien fue buen jugador tiene garantizado ser buen técnico.

La imagen de Maradona, hasta sus últimas declaraciones estaba casi intacta. En definitiva no fue ni mejor ni peor que sus inmediatos antecesores (Pekerman, Bielsa, Passarella) y por ello aquel miedo del deterioro de su propia leyenda había pasado la prueba. Pero ahora que habló por primera vez después del mundial quienes exigimos explicaciones de por qué se perdió como se perdió estábamos listos para escucharlas. Sin embargo, no hubo una, (UNA!) frase de autocrítica a su gestión. Diego optó por ensuciar a medio mundo (su entorno, algunos de sus ex jugadores, allegados, dirigentes, etc.) antes que aceptar sus errores, o al menos sustentar sus convicciones tácticas para dejar abierta la polémica en un tema tan opinable. La hora de pantalla que le pusieron a disposición fue su último intento de reflotar la posibilidad de volver a dirigir la selección argentina. No solo la desaprovechó sino que volvió a arriesgar su aura mítica con su actitud poco reflexiva y para nada conciliadora. Tuvo la oportunidad mágica de dirigir a su selección y es claro que no parece interesarle otro rumbo como entrenador. Acaso esta estrofa de “Todo a pulmón” del genial Alejandro Lerner sintetice su sentir : “Que difícil se me hace mantenerme en este viaje sin saber a dónde voy en realidad si es de ida o de vuelta si el furgón es la primera si volver es una forma de llegar…

 

Fotos

Andres Cantor